El inicio del ciclo lectivo no es solo una fecha en el calendario, para muchos niños, niñas y adolescentes, la vuelta a clases implica un movimiento emocional importante, por los nuevos desafíos, reencuentros, expectativas, miedos y cambios en las rutinas. Si bien, para algunos es motivo de entusiasmo; para otros, puede generar ansiedad, irritabilidad o resistencia.
Melissa Sánchez, psicóloga infantil, se refiere a la importancia del acompañamiento de los adultos para con los niños en esta época de reinicio de actividades escolares.
“Todo cambio, incluso los esperados, implica un proceso de adaptación, por eso, el acompañamiento de los adultos es clave para que este regreso sea vivido de una manera más segura y saludable”, menciona la profesional.
“En niños pequeños, es frecuente observar regresiones transitorias, como mayor dependencia, llanto al momento de la separación, dificultades para dormir o cambios en el apetito. En adolescentes, la ansiedad puede manifestarse de otras formas, como con enojo, apatía, quejas físicas, aislamiento o rechazo a la escuela”.
Es por ello que, estas manifestaciones no deben ser minimizadas ni exageradas, sino comprendidas como señales de que algo necesita ser escuchado.
¿Cómo preparar y acompañar este proceso?
La psicóloga, citó además unos tips en cuanto a la manera en que los padres deben de preparar y acompañar a los chicos para el esperado inicio de clases.
1. Anticipar y organizar
Retomar horarios de sueño, comidas y actividades algunos días antes del inicio de clases ayuda al cuerpo y a la mente a adaptarse de forma gradual. La previsibilidad brinda seguridad emocional.
“Todo cambio, incluso los esperados, implica un proceso de adaptación, por eso, el acompañamiento de los adultos es clave para que este regreso sea vivido de una manera más segura y saludable”
2. Habilitar la palabra y la emoción
Preguntar cómo se sienten frente al regreso, sin juzgar ni corregir lo que expresan, permite que niños y adolescentes se sientan validados. Frases como “ya tendrías que estar acostumbrado” o “no es para tanto” no ayudan. En cambio, decir “estoy acá para acompañarte” o “todo lo que sentís me podés contar” genera sostén y confianza.
3. Transmitir calma y confianza
Los adultos funcionamos como reguladores emocionales. Cuando transmitimos calma, presencia y confianza, ayudamos a que niños y adolescentes también puedan sentirse capaces de afrontar lo que viene.
4. Estar atentos a señales de alerta
Si el malestar se mantiene en el tiempo, se intensifica o interfiere de manera significativa en la vida cotidiana, es importante consultar con un profesional para comprender qué está sucediendo y no minimizar lo que le pasa al niño o adolescente.
“La vuelta a clases no se trata solo de útiles escolares y uniformes nuevos, sino de procesos emocionales que necesitan ser mirados y acompañados. Cuando niños y adolescentes se sienten escuchados y sostenidos, el aprendizaje no es solo académico, también es emocional y vincular”, terminó agregando la entrevistada.