05 feb. 2026

A 30 años del siniestro aéreo causado por una imprudencia en cabina

Lo que debía ser un vuelo de rutina se transformó en una tragedia en apenas dos minutos. Las cajas negras revelaron que una maniobra irresponsable dentro de la cabina provocó la caída del avión sobre un barrio de Mariano Roque Alonso, dejando decenas de víctimas y una herida imborrable en la ciudad.

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Una tarde tranquila que terminó en desastre

El domingo 4 de febrero de 1996 se presentaba como una jornada apacible en el aeropuerto Silvio Pettirossi. El sol brillaba con fuerza, el cielo estaba completamente despejado y no se registraban vientos peligrosos. Técnicamente, el vuelo no representaba ningún riesgo.

El avión carguero DC-8, de matrícula colombiana, había sido revisado antes de despegar. Contaba con el combustible necesario y no existían reportes de fallas mecánicas. La tripulación, además, había descansado durante más de doce horas en suelo paraguayo antes de retomar la ruta hacia Brasil.

Todo indicaba que sería un trayecto sin sobresaltos.

El inicio de un vuelo normal

A las 14:11, la aeronave avanzó por la pista principal y se elevó con aparente normalidad. Desde la torre de control, nada parecía fuera de lo común. El avión ganaba altura como estaba previsto.

Pero apenas sesenta segundos después del despegue, los testigos comenzaron a notar un comportamiento extraño. El aparato se inclinó levemente hacia un costado. Al principio parecía una corrección normal, pero el movimiento se volvió cada vez más pronunciado.

El gigante de metal ya no respondía como debía.

La lucha por mantenerse en el aire

Mientras desde tierra se observaba con preocupación la maniobra irregular, en la cabina se desarrollaba una situación crítica. La aeronave perdía estabilidad y empuje, dificultando el ascenso.

El avión comenzó a descender lentamente, como si fuera arrastrado hacia el suelo. En cuestión de segundos, el control se perdió por completo.

El choque que cambió una ciudad para siempre

Primero impactó contra una plaza del barrio Monseñor Bogarín. Luego, fuera de control, arrasó varias viviendas cercanas antes de estrellarse definitivamente.

La explosión fue devastadora

Una enorme columna de fuego y humo se elevó en el aire, mientras los restos del fuselaje se esparcían por la zona. Casas enteras se derrumbaron y personas quedaron atrapadas bajo los escombros.

El ruido del impacto se escuchó en distintos puntos de la ciudad.

Los primeros minutos de desesperación

A las 14:25, los bomberos voluntarios lograron llegar al lugar del siniestro. Se encontraron con una escena dantesca: llamas por todos lados, gritos de auxilio y vecinos intentando rescatar a quienes estaban atrapados.

Ambulancias comenzaron a trasladar heridos a los hospitales más cercanos, mientras el fuego consumía los restos del avión. El caos se apoderó del barrio.

Decenas de curiosos se acercaron, complicando el trabajo de los rescatistas. En medio de la confusión, incluso se registraron saqueos en algunas viviendas dañadas.

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El inicio de la investigación

Horas después, autoridades judiciales y fiscales comenzaron a inspeccionar la zona. Se delimitaron perímetros de seguridad y se inició la recolección de restos de la aeronave.

La principal incógnita era clara: ¿cómo podía haberse estrellado un avión en perfectas condiciones, con buen clima y una tripulación descansada?

La respuesta tardaría algunos días en llegar.

Las grabaciones que revelaron la verdad

Cuando finalmente se recuperaron las cajas negras, los investigadores pudieron reconstruir lo ocurrido en la cabina durante el breve vuelo. Lo que escucharon fue estremecedor.

No hubo explosiones, ni desperfectos técnicos, ni fallas estructurales. El accidente se produjo exclusivamente por decisiones humanas.

Una prueba convertida en tragedia

Según los registros, el capitán decidió transformar el despegue en una práctica improvisada para su copiloto, quien tenía mucha menos experiencia. Redujo intencionalmente la potencia de uno de los motores para simular una falla. El avión se inclinó hacia un lado.

El copiloto trató de corregir la situación usando los motores restantes, pero la maniobra se volvió cada vez más difícil.

Lejos de intervenir para estabilizar la aeronave, en la cabina se escuchaban bromas y comentarios irónicos.

Luego, el ingeniero de vuelo disminuyó la potencia de otro motor, empeorando drásticamente el control del avión. La aeronave quedó prácticamente sin empuje.

Los últimos segundos de terror

En la grabación se percibe el cambio de tono: de las risas se pasa al pánico.

La voz del copiloto, cargada de desesperación, queda registrada cuando grita que no puede controlar el avión.

Segundos después, el impacto final.

Familias destruidas en tierra

La tragedia no solo acabó con la vida de quienes iban a bordo. En tierra murieron 18 personas, la mayoría niños que jugaban en una cancha del barrio.

Varias viviendas fueron aplastadas por los restos del avión.

En una de ellas se encontraba una familia reunida para compartir el día. Once de sus integrantes murieron bajo los escombros.

Otras casas cercanas también colapsaron, llevándose consigo la vida de padres, madres y hasta un bebé de apenas meses.

El barrio entero quedó marcado por la tragedia.

Un error prohibido que selló el destino

La investigación oficial concluyó que el capitán realizó maniobras totalmente prohibidas durante una fase crítica del vuelo.

Entre los factores determinantes se señalaron:

• Entrenamiento no autorizado en pleno despegue

• Falta de protocolos de seguridad en cabina

• Exceso de confianza de la tripulación

• Inexperiencia del copiloto para ese tipo de maniobras

Todo ocurrió en menos de dos minutos.

Una lección escrita con sangre

Lo que debía ser un vuelo de rutina terminó convertido en una de las peores tragedias aéreas de la historia del país.

No fue el clima.

No fue una falla técnica.

No fue un desperfecto del avión.

Fue una imprudencia.

Una “broma” que costó decenas de vidas y dejó una herida imborrable en Mariano Roque Alonso.