13 ene. 2026

Estrés financiero: una preocupación que afecta la salud mental

La vida cotidiana de miles de familias paraguayas transcurre entre cuentas por pagar, incertidumbre laboral y decisiones difíciles, elegir entre ahorrar, cubrir gastos básicos o enfrentar imprevistos.

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Stressed spouses manage family finances, analyze expenses, check savings and budget, looks disappointed due to mortgage arrears, unpaid utility bills, debt notice. Lack of money, high utility concept

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El impacto de la presión financiera repercute de manera directa en el bienestar emocional de las personas, con consecuencias reales sobre la salud mental.

Una realidad económica con luces y sombras

Paraguay logró mantener un crecimiento económico sostenido en los últimos años, con estimaciones oficiales que proyectan un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de hasta 6% para 2025 y alrededor de 4,2% para 2026, acompañadas de expectativas de inflación que convergerían gradualmente a la meta del banco central.

Datos recientes señalan que el país transita niveles de inflación moderados —alrededor del 4,1% interanual— y una tasa de política monetaria estable, lo cual aporta cierta previsibilidad al entorno económico.

Sin embargo, estas cifras macroeconómicas no siempre se traducen en una percepción de estabilidad para las familias. El dinamismo de los sectores productivos convive con una sensación de incertidumbre en distintos segmentos de la población, especialmente entre quienes dependen de ingresos laborales, economía informal o pequeños emprendimientos. A esto se suma la persistencia de costos elevados en bienes y servicios básicos, que tensionan los presupuestos domésticos.

La carga emocional del estrés financiero

Para muchas personas, el desafío de equilibrar ingresos y gastos no es solo un asunto de números, sino una fuente constante de ansiedad, frustración y desgaste emocional.

La psicóloga clínica Lic. María Eugenia Rojas, explica que el impacto psicológico de la presión financiera es profundo y acumulativo. “Cuando la preocupación por llegar a fin de mes se vuelve permanente, el cuerpo y la mente entran en un estado de alerta constante. Eso puede derivar en ansiedad, irritabilidad, insomnio y, en casos más graves, depresión”, señala.

Rojas subraya que la ansiedad por cuestiones económicas no solo afecta al individuo directamente responsable de los ingresos, sino a todo el núcleo familiar. Las discusiones sobre dinero, la incertidumbre frente a gastos imprevistos y el temor a perder el empleo generan un clima de tensión que se instala en la cotidianidad del hogar.

El reflejo en la vida familiar

El estrés financiero deja huellas en la dinámica familiar. En muchos hogares, las conversaciones sobre dinero se evitan por temor al conflicto, pero esta falta de comunicación puede intensificar sentimientos de soledad y ansiedad.

“La economía atraviesa todos los vínculos. Cuando el estrés no se expresa de manera saludable, suele aparecer en forma de enojo, frustración o distanciamiento emocional”, explica Rojas. En parejas, estos conflictos pueden profundizarse, especialmente si no hay acuerdos claros sobre prioridades de gasto o metas a corto y mediano plazo.

Los niños y adolescentes también perciben este clima de tensión. Aunque no siempre comprendan las causas económicas subyacentes, captan las emociones de los adultos. Esto puede traducirse en problemas de conducta, falta de concentración en la escuela o síntomas de ansiedad.

Más que números: el desgaste emocional

La presión económica sostenida puede manifestarse en síntomas físicos como dolores musculares, alteraciones del sueño o malestares gastrointestinales. A nivel emocional, se observan sentimientos de impotencia, culpa por no poder ofrecer más a la familia y una sensación de fracaso frente a expectativas internas o sociales.

Rojas señala que muchas personas internalizan la responsabilidad de resolver todos los problemas por sí mismas, lo que incrementa la carga psicológica. “Existe una cultura de ‘aguantar’ que puede ser útil a corto plazo, pero a largo plazo puede agravar la salud mental”, afirma la especialista.

Estrategias para afrontar la presión

Si bien los problemas económicos no se resuelven únicamente desde lo emocional, cuidar la salud mental es fundamental para enfrentar esos desafíos con mayor claridad y resiliencia.

Algunas recomendaciones que los profesionales sugieren incluyen:

• Comunicación abierta en la familia: hablar de las preocupaciones sin juicios, estableciendo prioridades y buscando soluciones conjuntas.

• Organización financiera compartida: elaborar presupuestos claros y realistas con la participación de todos los adultos del hogar.

• Buscar apoyo profesional: psicólogos y terapeutas pueden ofrecer herramientas para manejar la ansiedad y mejorar la comunicación familiar.

• Espacios de descanso y autocuidado: mantener rutinas de sueño, actividad física y momentos de esparcimiento puede ayudar a reducir la tensión acumulada.

La economía familiar bajo presión no es solo una cuestión financiera, sino un problema que afecta directamente la salud emocional de las personas y de los núcleos familiares. Reconocer este vínculo es clave para promover políticas públicas y estrategias comunitarias de apoyo que vayan más allá de los indicadores macroeconómicos.

“Cuidar la salud mental en contextos de estrés económico no significa negar la realidad, sino fortalecer a las personas para atravesarla con mayor bienestar”.
psicóloga clínica Lic. María Eugenia Rojas.