TikTok, la red social de origen chino basada en vídeos cortos, es una de las más populares desde ya hace varios años, gracias a sus llamados retos. La mayoría son inocentes, como bailes o coreografías, pero estos retos también tienen su parte peligrosa.
Recientemente, el video de un joven de 19 años “toreando” a un camión de gran porte, colocándose en su trayecto en plena ruta poniendo incluso en riesgo su vida, se hizo viral y generó preocupación en gran parte de la sociedad, pues se trata de un peligroso reto que actualmente es tendencia en Tiktok.
“Quebrada de eje”, es la denominación de dicho reto que consiste en hacer que un camión, una vez que el chofer se percata de que hay alguien en su camino, realice movimientos bruscos haciendo tambalear todo el rodado que generalmente pesa varias toneladas.
Pero, qué pasa en la mente de los jóvenes, incluso niños, que deciden sumarse a estos retos sumamente arriesgados, hasta el punto de tentar a la propia muerte. Ello, tiene muchos que ver con la salud mental pues justamente, este joven de 19 años, tras su detención alegó sufrir “depresión”, y que hace todo ello para ganar un poco de dinero y así poder costear su tratamiento.
¿Qué pasa en la mente de los adolescentes?
En conversación con la licenciada Araceli Delvalle, psicóloga y psicoterapeuta de “Ser Proceso”, explicó el por qué estas prácticas llaman la atención especialmente de jóvenes. “La adolescencia es una etapa del desarrollo profundamente sensible, caracterizada por cambios neurobiológicos, emocionales y sociales que impactan directamente en la toma de decisiones”, declaró.
En dicho período, el cerebro —especialmente las áreas vinculadas al control de impulsos, la evaluación de riesgos y la planificación— aún se encuentra en maduración. Esto genera una mayor vulnerabilidad frente a conductas de riesgo, particularmente cuando estas son reforzadas socialmente.
Es ahí donde hacen su aparición los retos virales que representan un fenómeno alarmante. Para la entrevistada: “Muchos de estos desafíos promueven la autolesión, la exposición extrema, la humillación pública o conductas que normalizan el daño como forma de pertenencia”.
La necesidad de la validación externa
Para la profesional, uno de los principales factores de riesgo es la necesidad de validación externa. “Desde nuestra experiencia clínica y comunitaria, observamos que muchos adolescentes no participan de estos retos por desconocimiento del peligro, sino por una necesidad profunda de pertenecer, de ser vistos y de no quedar fuera. En una generación que creció con pantallas como mediadoras principales del vínculo, el reconocimiento digital muchas veces sustituye al encuentro humano”, refirió.
Así, “me encanta” reemplaza al abrazo, la visualización al diálogo, y el algoritmo comienza a ocupar el lugar que antes tenían los adultos. Los “likes”, las visualizaciones y los comentarios funcionan como reguladores emocionales, reemplazando progresivamente el contacto humano, el diálogo adulto y los límites claros.
“Teléfonos celulares, tablets y algoritmos ocupan un lugar central en la formación de valores, modelos de conducta y percepción de la realidad. Esto no implica demonizar la tecnología, sino reconocer que, sin acompañamiento adulto, las redes sociales se convierten en espacios sin contención, sin regulación emocional y sin criterios de cuidado”.
Cuidado de la salud mental para prevención
Según la psicóloga, por todo esto es que la salud mental adolescente no puede abordarse sin considerar el contexto en el que crecen. “Escuelas con escaso margen para la educación emocional, hogares atravesados por el estrés y una cultura digital que prioriza la exposición por sobre el cuidado”.
La prevención requiere un abordaje integral. Es fundamental fortalecer el rol de la familia y de las instituciones educativas, promover espacios de escucha activa, educar en pensamiento crítico digital y recuperar el valor del vínculo humano como principal factor de protección.
“Los adolescentes no necesitan más control tecnológico, sino más presencia, más diálogo y adultos disponibles que puedan acompañar, poner límites y ofrecer referencias claras”. Requieren presencia, escucha y construcción de vínculos significativos, habilitar espacios donde los adolescentes puedan hablar sin miedo a ser juzgados y recuperar el rol del adulto como referente, no como vigilante.
“Hablar de retos virales es, en el fondo, hablar de una generación que pide ser mirada, escuchada y cuidada en un mundo cada vez más acelerado y despersonalizado. Desde Ser Proceso entendemos la adolescencia como una etapa de construcción, no de urgencia ni de rendimiento. Para cimentar y acompañar esa formación la responsabilidad es colectiva y el compromiso debe ser urgente”, finalizó.