29 ene. 2026

Psoriasis: una enfermedad visible que deja huellas invisibles en quienes la padecen

La psoriasis es una condición que se manifiesta a través de la piel, pero cuyo impacto se extiende mucho más allá de lo que se ve.

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Detrás de las manchas rojas y escamas características existe una enfermedad inflamatoria crónica que compromete el sistema inmunológico y afecta profundamente la vida emocional, social y laboral de las personas. A pesar de ello, existen terapias modernas disponibles en Paraguay que permiten que el paciente recupere su vida cotidiana. Este es el mensaje que busca instalar la dermatóloga Romina Contreras, titular de la Sociedad Paraguaya de Dermatología y responsable de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes y Psoriasis de la FCM-UNA.

Su premisa es clara: los prejuicios y la desinformación siguen siendo una barrera enorme. “Cuando falta conocimiento, surge el estigma. Cuando hay educación, todo cambia”, remarca la especialista, convencida de que hablar de la enfermedad es el primer paso para disminuir el rechazo.

Una afección sistémica con expresiones visibles

La psoriasis pertenece al grupo de enfermedades inflamatorias de origen inmunológico. Su presentación clásica incluye lesiones rojizas, descamación persistente y zonas engrosadas de la piel, especialmente en áreas como el cuero cabelludo, codos, rodillas y uñas. En ciertos casos, también compromete las articulaciones, lo que da lugar a la artritis psoriásica, una forma dolorosa y limitante de la enfermedad.

Las charlas, campañas y espacios de información que promueve el equipo de Contreras buscan desmitificar estos signos visibles, que a menudo generan reacciones negativas en el entorno. Aunque es una enfermedad notoria, sigue siendo “mal comprendida”, afirma.

Las consecuencias que trascienden lo dermatológico

Para quienes conviven con la psoriasis, las lesiones no son el único desafío. La carga emocional que arrastran los pacientes es significativa, muchos enfrentan discriminación, burlas, autoexclusión y una profunda disminución de su autoestima. En el ámbito laboral, no son raros los casos de pérdida de oportunidades o dificultades para mantener un empleo.

Contreras explica que la enfermedad condiciona la estabilidad psicológica y que, en los cuadros más severos, puede favorecer la aparición de depresión. Por ello, insiste en la necesidad de un tratamiento integral. Su equipo trabaja en coordinación con reumatólogos cuando existe afectación articular, y con psiquiatras cuando el bienestar emocional está comprometido. “La salud mental se ve tan impactada como la piel”, resume.

A esto se suma un aspecto clave: la psoriasis no es contagiosa. Sin embargo, la especialista reconoce que mucha gente la confunde con infecciones fúngicas, lo que genera distancias innecesarias y un rechazo que lastima. De ahí la importancia de la educación y la sensibilización.

Una enfermedad controlable, aunque no tenga cura definitiva

El mensaje que busca instalar Contreras es esperanzador, aunque la psoriasis es crónica y no desaparece completamente, los tratamientos actuales permiten un control casi total de las lesiones. Tal como sucede con patologías como la hipertensión o la diabetes, la medicación adecuada puede mantener los síntomas inactivos y garantizar una vida normal. En Paraguay ya existen opciones terapéuticas modernas, incluyendo fármacos biológicos, que brindan resultados notables incluso en casos complejos.

El rol crítico del diagnóstico precoz

El tiempo es un factor determinante. Un diagnóstico temprano evita años de inflamación acumulada y reduce de manera significativa el impacto físico y emocional. Sin embargo, la realidad paraguaya dista de ser la ideal. Muchas personas consultan primero con médicos no especializados, lo que retrasa la identificación correcta.

Contreras reitera que las lesiones de la piel suelen parecerse entre sí y que solo un dermatólogo puede distinguir con precisión entre psoriasis, dermatitis atópica, tiña u otras afecciones. Esta distinción es fundamental porque cada variante requiere un tratamiento específico. “Una consulta tardía es una carga añadida que se podría evitar”, expresa.

Además, destaca cuán complejo puede ser el camino del paciente cuando la enfermedad inicia en la infancia. Años de estigma, incomodidad y dudas afectan el desarrollo personal, académico y social. La inflamación crónica, al prolongarse, tiene un efecto acumulativo que condiciona la salud a largo plazo.

Un caso que refleja lo que el tratamiento puede lograr

Entre las experiencias más significativas de su carrera, Contreras menciona a una joven de aproximadamente 24 años, del interior del país, que convivía con psoriasis desde la niñez. Las lesiones en su rostro eran especialmente visibles, lo que la llevó durante años a evitar ropa corta, actividades sociales y situaciones que expusieran su piel.

Cuando acudió finalmente al equipo dermatológico, presentaba signos evidentes de angustia. Lloraba en consulta y relataba una vida marcada por el aislamiento. El tratamiento inicial consistió en metotrexato oral, que produjo mejoras parciales. Sin embargo, las lesiones persistían. La decisión del equipo fue iniciar una terapia biológica. Tras un año bajo este tratamiento, la joven logró erradicar completamente sus lesiones. Terminó su carrera universitaria y hoy vive experiencias que antes evitaba, como usar vestidos o participar en reuniones sociales sin temor a ser juzgada. Para Contreras, este caso sintetiza el enorme impacto de un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado.

Los distintos rostros de la psoriasis

La enfermedad adopta diversas formas clínicas. La más conocida es la psoriasis en placas clásica, presente en codos, rodillas y cuero cabelludo. Pero existen otras variantes:

• Psoriasis en gotas: común en niños y adolescentes, con pequeñas lesiones dispersas.

• Psoriasis palmoplantar: localizada en manos y pies, de evolución más dolorosa.

• Psoriasis ungueal: afecta exclusivamente a las uñas.

• Psoriasis genital: presente en áreas íntimas.

• Psoriasis invertida: se manifiesta en pliegues como axilas e ingles, y suele ser más sensible al tratamiento.

• Artritis psoriásica: inflamación articular derivada directamente de la enfermedad cutánea.

Cada tipo requiere un esquema terapéutico y un seguimiento particular.

Frecuencia en el mundo y situación en Paraguay

Aunque Paraguay no cuenta con registros epidemiológicos precisos, la referencia global indica que alrededor del 3% de la población mundial padece psoriasis, lo que representa más de 120 millones de personas. El país no es ajeno a esta proporción.

Investigación local: lo que se sabe hasta ahora

Consultada sobre estudios nacionales, Contreras menciona diversas investigaciones realizadas en hospitales del país. Una de ellas analizó la prevalencia de factores de riesgo cardiovascular en pacientes con psoriasis paraguayos. Otras publicaciones —algunas difundidas en revistas internacionales— exploraron cómo ciertas infecciones virales transmitidas por mosquitos, como el dengue y la chikungunya, pueden desencadenar o empeorar los brotes de psoriasis. Esta línea de investigación es especialmente relevante en un país donde estas enfermedades son recurrentes.

Un llamado a comprender, no a juzgar

Detrás de cada lesión visible hay una historia marcada por la sensibilidad y la lucha diaria. La psoriasis no define a las personas que la padecen, y la especialista insiste en que el conocimiento es la herramienta más poderosa para combatir la discriminación.

Contreras concluye con un mensaje contundente: “La psoriasis no es contagiosa y sí es manejable. Con el tratamiento adecuado, los pacientes pueden vivir plenamente”.