Especialistas advierten que el peso que se le otorga a las notas puede generar más daño que beneficio, especialmente cuando la evaluación se interpreta como una medición del valor personal del estudiante.
Cuando el rendimiento se confunde con identidad
A esta altura del año, los estudiantes sienten que cada número define todo lo que hicieron durante meses. La psicopedagoga María Inés Duarte, especialista en neurodesarrollo, explica que los niños y adolescentes están en una etapa donde la identidad se está formando, por lo que la forma en que los adultos interpretan sus notas tiene un impacto emocional directo.
Según Duarte, uno de los errores más comunes es convertir la calificación en una etiqueta.
“Muchos chicos llegan a creer que una mala nota significa que ellos mismos son insuficientes. La autoestima infantil y adolescente es altamente influenciable, y si el entorno les transmite que su valor depende de un promedio, esa percepción puede acompañarlos durante años”, afirma.
El costo emocional de la presión: lo que no se ve en el boletín
El cierre del año escolar suele llegar con ansiedad acumulada. Exámenes finales, trabajos acumulados y el temor a no cumplir con las expectativas configuran un escenario mental complejo.
La presión puede causar:
• Ansiedad anticipatoria antes de exámenes
• Falta de motivación y miedo a equivocarse
• Trastornos del sueño
• Somatizaciones como dolores de cabeza o estómago
• Tristeza, irritabilidad y frustración desmedida
• Bloqueos durante las evaluaciones
• Conductas de evitación o rechazo a la escuela
Duarte subraya que el estrés académico no solo afecta la salud emocional, sino también el aprendizaje mismo.
“Cuando un estudiante está bajo presión, su capacidad de atención, memoria y razonamiento se ve limitada. La presión no mejora el rendimiento; lo deteriora”, explica.
El peso del cierre del año: un momento crítico
El final del periodo escolar suele traer consigo conversaciones tensas en los hogares. Los padres, con la intención de acompañar o corregir, muchas veces se enfocan únicamente en el resultado. Esto transforma un proceso educativo en una instancia de juicio.
La especialista señala que este escenario genera patrones peligrosos: estudiantes que solo estudian para aprobar, no para aprender; jóvenes que ocultan trabajos o calificaciones para evitar reacciones negativas; y niños que comienzan a creer que un error define todo su valor.
“El riesgo es que dejamos de enseñar para comprender, y empezamos a enseñar para cumplir. Y un niño que cumple por miedo pierde la motivación genuina por aprender”, sostiene Duarte.
El sistema educativo y su relación con las calificaciones
Aunque las familias tienen un rol determinante, Duarte explica que el sistema educativo también contribuye a esta cultura del número. Los métodos tradicionales, centrados en evaluaciones rígidas y tareas extensivas, suelen dejar poco espacio para habilidades que no se miden fácilmente, como la creatividad, la comunicación o la gestión emocional.
El problema, señala, es que muchos estudiantes terminan el año con un boletín que muestra resultados académicos, pero no refleja su verdadero progreso en aspectos esenciales de la vida.
“El boletín no muestra cuánto creció el niño en resiliencia, cuánta empatía desarrolló, o cómo resolvió conflictos durante el año. Y esas habilidades son tan importantes como la matemática o la lengua”, destaca.
Lo que las notas no dicen: habilidades que importan más que un promedio
La psicopedagoga resalta que el aprendizaje real abarca mucho más que un número. Existen capacidades fundamentales que quedan fuera de las evaluaciones tradicionales:
• Pensamiento crítico
• Creatividad
• Tolerancia a la frustración
• Capacidad de resolver problemas
• Habilidades sociales
• Gestión emocional
• Perseverancia
• Adaptabilidad
Estas competencias suelen predecir el éxito futuro de manera más precisa que una calificación, pero al finalizar el año escolar pasan desapercibidas.
Adolescentes bajo presión: un terreno todavía más delicado
Para los estudiantes mayores, el cierre del año puede convertirse en una carga emocional considerable. Duarte advierte que la presión excesiva durante la adolescencia puede desembocar en:
• Perfeccionismo extremo
• Frustración constante ante errores mínimos
• Desmotivación total
• Baja autoestima
• Depresión
• Conductas de aislamiento
• Temor a asumir desafíos nuevos
La especialista recalca que muchos adolescentes comienzan a asociar la aprobación de los adultos con su rendimiento, lo que genera relaciones tensas y pérdida de confianza.
Cómo acompañar sin presionar: el rol de la familia en este tramo final
A medida que el año escolar llega a su fin, la forma en que las familias acompañan este proceso puede marcar la diferencia. Duarte recomienda transformar la entrega de notas en una oportunidad de diálogo, no de juicio.
Consejos clave:
• Preguntar primero cómo se siente el estudiante, no qué nota obtuvo.
• Reconocer el esfuerzo, incluso si los resultados no son perfectos.
• Evitar comentarios comparativos con otros niños.
• No convertir el boletín en un castigo o motivo de vergüenza.
• Hablar del año como un proceso, no como un examen final.
• Consultar a un psicopedagogo si la ansiedad o la frustración son intensas.
“El cierre del año debería ser un momento de reflexión y acompañamiento emocional. No podemos reducir todo un año de vida escolar a un número en una hoja”, enfatiza Duarte.
Una mirada más amplia para el presente y el futuro
El final del año escolar es una oportunidad para revisar qué entendemos por éxito académico y cómo acompañamos a los niños y adolescentes en su proceso de aprendizaje. Si las familias y las instituciones educativas colocan el foco exclusivamente en las calificaciones, se pierde de vista algo esencial: el desarrollo integral del estudiante.
La psicopedagoga concluye con un mensaje que invita a repensar este momento tan sensible:
“La nota no define al niño. Lo que realmente importa es cómo creció, qué descubrió, qué habilidades desarrolló y cómo se sintió durante el año. Las calificaciones son solo un dato; el bienestar emocional y el aprendizaje real son mucho más relevantes.”