Muchos países, organizaciones y especialistas aprovechan esta jornada para visibilizar los desafíos, derribar estigmas y promover el acceso a cuidados adecuados.
Para profundizar en esta temática, dialogamos con la psicóloga clínica Natalia Ramírez, quien trabaja con pacientes de distintas edades en su consulta privada y en escuelas de Asunción. En esta nota, nos ayuda a comprender cómo cuidar la salud mental en adultos y niños, y qué señales deben alertar tanto a padres como a educadores.
¿Por qué es vital dedicar un día a la salud mental?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos mentales representan una de las principales causas de discapacidad en el mundo. La carga social y económica que implican estos trastornos es enorme, pérdidas en productividad, mayores costos en atención médica y un enorme sufrimiento humano.
El enfoque no debe limitarse a tratar la enfermedad, sino fomentar la prevención, fortalecer redes de apoyo y promover ambientes saludables en los hogares, las escuelas y los lugares de trabajo.
Natalia Ramírez hace hincapié en que “la salud mental no es una cuestión individual, somos seres biopsicosociales. Nuestras emociones, pensamientos y relaciones —y el entorno— interactúan continuamente.”
Salud mental en adultos: retos, señales y cuidado
Principales desafíos
1. Estrés laboral y exigencias externas
Los adultos muchas veces enfrentan presiones en el trabajo —plazos, responsabilidades, competencia— que pueden generar agotamiento, ansiedad o síntomas depresivos.
2. Rupturas, pérdidas y cambios de vida
Divorcios, desempleo, enfermedades o pérdidas personales afectan el equilibrio psicológico. Saber afrontar el duelo y adaptarse a los cambios es clave.
3. Sobrecarga familiar y de roles
Quienes cuidan hijos o familiares a su cargo pueden experimentar desgaste constante. La autoexigencia de “que todo salga bien” agrava el malestar.
4. Aislamiento social y soledad
Con frecuencia, en la adultez disminuyen las redes sociales activas. La falta de vínculos podría agravar el cuadro emocional.
Señales de alerta
La psicóloga Ramírez menciona algunas señales que no deben ignorarse:
• Cambios persistentes en el estado de ánimo (tristeza, irritabilidad, apatía).
• Problemas de sueño (insomnio o dormir en exceso) o alteraciones del apetito.
• Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
• Pérdida de interés en actividades que antes generaban placer.
• Aumento del consumo de sustancias (alcohol, tabaco) como forma de “escape”.
• Pensamientos negativos persistentes o ideas de que “no tiene sentido seguir”.
Cuando estos síntomas se mantienen durante semanas y afectan el funcionamiento cotidiano (trabajo, relaciones), es recomendable acudir a un profesional.
Estrategias de autocuidado
Ramírez comparte algunas recomendaciones útiles:
• Establecer rutinas de descanso, alimentación equilibrada y ejercicio.
• Practicar técnicas de relajación o mindfulness (respiración, atención plena).
• Fomentar relaciones sociales: conversar, compartir tiempo con amigos o grupos de apoyo.
• Aprender a poner límites en el trabajo: desconectar, delegar, decir “no” cuando es necesario.
• Buscar apoyo profesional: psicoterapia, grupos de apoyo o, si corresponde, consulta psiquiátrica.
Salud mental en niños: particularidades, señales y acompañamiento
Los niños no pueden expresar con palabras complejas sus emociones. Por eso, los adultos deben estar atentos a cambios sutiles.
Características específicas en la infancia
• La emoción suele manifestarse en el cuerpo: dolores, malestar, cambios en el apetito o en el sueño.
• El contexto escolar y social es muy influyente: acoso, presión académica, conflictos con compañeros.
• La construcción de identidad y autoestima está en desarrollo; las críticas o comparaciones pueden tener mayor impacto.
Señales de alerta en niños
Según Ramírez, estas señales podrían indicar que un niño necesita atención:
• Cambios drásticos en el rendimiento escolar: bajones de notas, desmotivación.
• Alteraciones del sueño (pesadillas frecuentes, despertar nocturno).
• Quejas físicas sin causa aparente (dolores de cabeza, estómagos) frecuentes.
• Aislamiento: evita relacionarse con amigos o salir.
• Conductas regresivas: mojar la cama, chuparse el pulgar, antes superadas.
• Irritabilidad excesiva, rabietas fuera de lo común para su edad.
• Mensajes verbales o dibujos que sugieren tristeza, desesperanza o ideas negativas.
Estrategias de acompañamiento
Para fortalecer la salud mental infantil, Ramírez propone:
1. Crear espacios de expresión emocional
Conversar con empatía, sin juzgar, permitir que el niño cuente lo que siente. Jugar, dibujar, contar historias pueden ser medios válidos de expresión.
2. Validar emociones
Decir “entiendo que estás triste” o “sé que fue difícil” ayuda a que el niño no sienta que está “mal” por sentir.
3. Establecer rutinas
Horarios regulares para dormir, comer, estudiar y jugar brindan seguridad.
4. Fomentar el juego y la creatividad
El tiempo libre sin pantallas, con actividades lúdicas, favorece la regulación emocional.
5. Enseñar habilidades para resolver conflictos
Guiar cómo pedir ayuda, compartir, negociar, expresar desacuerdos sin agresión.
6. Coordinar con la escuela
Un equipo docente sensibilizado puede detectar señales tempranas y articular apoyos.
7. Buscar ayuda especializada
Cuando los síntomas perduran, interfieren con la vida diaria o son intensos, la intervención profesional es necesaria.
El rol de políticas públicas y sociedad
Ramírez subraya que no basta con el esfuerzo individual: se necesitan políticas y recursos que garanticen:
• Acceso gratuito o asequible a salud mental.
• Formación de profesionales que trabajen con niños, adolescentes y adultos.
• Programas de promoción y prevención en escuelas, centros comunitarios y lugares de trabajo.
• Campañas que reduzcan la estigmatización del sufrimiento psíquico.
• Apoyo intersectorial: salud, educación, desarrollo social, cultura.
Solo con una mirada integral es posible cambiar la realidad: gestionar no solo la enfermedad, sino fortalecer el bienestar, fomentar la resiliencia y construir redes de contención.