Su vida estuvo marcada por la disciplina, el estudio constante y una entrega absoluta a la formación de jóvenes que hoy lo recuerdan como el hombre que los empujó a creer en lo imposible.
Su muerte violenta sacudió al país, no solo por la crudeza del hecho, sino por el enorme vacío que dejó en la educación científica y tecnológica del Paraguay.
De la formación militar al mundo de la ingeniería
Desde temprana edad, Kanazawa eligió el camino del esfuerzo. Se formó en el Liceo Militar Acosta Ñu y en la Academia Militar Mariscal López, donde alcanzó el grado de subteniente en el área de Comunicaciones del Ejército. Aquella etapa marcó su carácter: orden, responsabilidad y compromiso con el servicio.
Sin embargo, su verdadera vocación estaba en la ciencia. Se recibió como ingeniero electrónico en la Universidad Nacional de Asunción, en 1993, y rápidamente se destacó por su capacidad técnica. Más adelante amplió su formación con una maestría en Japón, enfocada en telecomunicaciones celulares, y profundizó en estudios avanzados de mecatrónica, áreas en las que se convertiría en referente nacional.
Dominaba cinco idiomas —español, guaraní, japonés, portugués e inglés— lo que le permitió representar al país en ámbitos académicos y tecnológicos internacionales.
El profesor que cambió destinos
En las aulas de la Facultad Politécnica de la UNA, Félix Kanazawa dejó una huella imposible de borrar. No se limitaba a cumplir horarios ni a dictar contenidos: acompañaba procesos, impulsaba proyectos y motivaba a jóvenes que muchas veces dudaban de sus propias capacidades.
Para él, enseñar era una misión.
Sus estudiantes lo recuerdan como un mentor exigente pero profundamente humano. Fue quien impulsó a Paraguay a participar por primera vez en competencias internacionales de ingeniería aeroespacial, incluyendo desafíos de lanzamiento de cohetes en Estados Unidos y Brasil. En más de una ocasión, puso recursos propios para cubrir viajes, materiales y gastos, convencido de que la falta de dinero no debía frenar el talento.
En la Latin American Space Challenge, realizada en São Paulo, lideró a un equipo de jóvenes ingenieros cuyo cohete experimental logró superar la velocidad del sonido, un logro histórico para la ingeniería paraguaya.
Para Kanazawa, cada competencia era una escuela completa: diseño, simulación, construcción, lanzamiento y recuperación. Un aprendizaje real, duro y transformador.
Su paso por la función pública
Además de su rol académico, asumió la conducción de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil, donde tuvo a su cargo la responsabilidad de la seguridad y regulación aérea del país.
Durante su gestión enfrentó situaciones complejas, entre ellas el polémico ingreso de un avión venezolano-iraní en 2022, hecho que generó repercusión internacional. En su momento reconoció fallas en los protocolos de comunicación interna, señalando que no se activaron los mecanismos de información sensible como correspondía.
Aun en medio de la controversia, quienes trabajaron con él coinciden en que actuaba con honestidad técnica y con un profundo respeto por las instituciones.
La tragedia que estremeció al país
Cuando comenzaba a pensar en la jubilación y en una etapa más tranquila de su vida, la violencia interrumpió su historia de forma brutal.
Tras varios días de desaparición, su cuerpo fue hallado en una zona de Potrero Ybaté, en el departamento de Itapúa, con una herida mortal en el cuello. La autopsia confirmó que se trató de un homicidio, provocado por un único corte que causó un shock hipovolémico.
La noticia generó conmoción nacional. Alumnos, colegas, docentes e instituciones expresaron dolor, indignación y un pedido unánime de justicia.
El legado que no pudieron silenciar
Más allá de la tragedia, Félix Kanazawa dejó una herencia inmensa: generaciones de jóvenes que hoy trabajan en ingeniería, tecnología y aeronáutica gracias a su impulso.
“No fue solo un profesor, no fue solo un ingeniero. Fue quien nos enseñó a soñar en grande y a creer que Paraguay puede llegar lejos”, escribieron sus estudiantes en un emotivo mensaje.
Era respetado por su conocimiento y querido por su humanidad. Para muchos, fue el primer adulto que creyó en sus capacidades cuando todo parecía difícil.
Hoy su ausencia duele, pero su ejemplo permanece vivo en cada laboratorio, en cada proyecto tecnológico y en cada joven que aprendió a mirar al cielo sin miedo, porque Félix Kanazawa no solo enseñó ingeniería, enseñó a creer, a luchar y a volar más alto de lo que parecía posible, finalizaron sus alumnos.