07 sept 2026

Educar en tiempos de inteligencia artificial: el reto de no perder la creatividad

El avance de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana transformó múltiples aspectos de la sociedad, y la educación no es la excepción.

ia-para-tareas-escolares-scaled-1200x675.jpg

En particular, su creciente uso en las tareas escolares de niños en edad primaria abre un debate urgente: ¿se trata de una herramienta que potencia el aprendizaje o de un recurso que puede afectar el desarrollo cognitivo y creativo en las primeras etapas de formación?

Cada vez es más frecuente que estudiantes recurran a aplicaciones capaces de resolver problemas matemáticos, redactar textos completos o responder cuestionarios en cuestión de segundos. Si bien estas tecnologías representan una innovación significativa, especialistas advierten que su uso sin supervisión podría tener consecuencias negativas a largo plazo.

Una herramienta poderosa, pero no neutral

La licenciada en psicopedagogía infantil María González sostiene que la inteligencia artificial no es perjudicial en sí misma, pero su impacto depende directamente del contexto y la forma en que se utiliza.

“La IA puede facilitar el acceso a la información y apoyar procesos educativos, pero en niños pequeños hay que ser especialmente cuidadosos. A esta edad, el aprendizaje no se trata solo de obtener respuestas correctas, sino de desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de resolver problemas”, explica.

En ese sentido, González advierte que el uso excesivo de herramientas automatizadas puede generar una dependencia temprana.

“Cuando un niño se acostumbra a que una aplicación le resuelva la tarea, pierde la oportunidad de equivocarse, de intentar nuevamente y de aprender a partir de ese proceso, que es fundamental en la educación”
Psicopedagogía infantil María González.

El impacto en el desarrollo cognitivo

Durante la educación primaria, el cerebro infantil se encuentra en una etapa clave de desarrollo. Es en estos años donde se consolidan funciones como la memoria, la atención, el lenguaje y la imaginación.

El psicólogo educativo Carlos Martínez señala que la sobreexposición a tecnologías que ofrecen respuestas inmediatas puede afectar estos procesos. “El cerebro necesita esfuerzo para aprender. Si eliminamos ese esfuerzo, reducimos la profundidad del aprendizaje. La IA puede acortar caminos, pero esos caminos son justamente los que construyen el conocimiento”, afirma.

Además, el especialista remarca que el uso constante de dispositivos como celulares durante el tiempo de estudio puede disminuir la capacidad de concentración. “Los niños se acostumbran a estímulos rápidos y múltiples, lo que dificulta sostener la atención en tareas más complejas o prolongadas”, añade.

La imaginación en riesgo

Uno de los aspectos más sensibles del debate es el impacto sobre la creatividad. Actividades como escribir cuentos, dibujar, inventar juegos o resolver problemas sin asistencia tecnológica son fundamentales para el desarrollo de la imaginación.

“Cuando un niño crea una historia, no solo está cumpliendo con una tarea escolar, está desarrollando su mundo interno, su capacidad simbólica y su expresión emocional”, explica González. “Si reemplazamos ese proceso por una respuesta generada por inteligencia artificial, estamos limitando una parte esencial de su crecimiento”.

En esta línea, los expertos destacan el valor del “tiempo sin tecnología”. Momentos de aparente aburrimiento o inactividad son, en realidad, espacios donde surge la creatividad.

“El aburrimiento no es negativo. Es un motor para la imaginación. Cuando no hay estímulos externos constantes, el niño se ve obligado a crear, a pensar, a inventar”, señala Martínez.

El rol clave de las familias y la escuela

Frente a este escenario, el acompañamiento de adultos se vuelve fundamental. Tanto padres como docentes tienen la responsabilidad de guiar el uso de la tecnología, estableciendo límites claros y promoviendo hábitos saludables.

“No se trata de prohibir la inteligencia artificial, sino de enseñar a usarla correctamente”, sostiene González. “Puede ser útil para investigar, para comprender mejor un tema o para ampliar información, pero nunca debería reemplazar el esfuerzo personal del niño”.

Entre las principales recomendaciones de los especialistas se destacan:

  • Fomentar tareas que requieran pensamiento propio y creatividad
  • Priorizar el uso de cuadernos, libros y actividades manuales en las primeras etapas
  • Limitar el acceso a celulares durante el tiempo de estudio
  • Supervisar el uso de herramientas digitales
  • Promover la lectura, el juego libre y las actividades artísticas

Por su parte, algunas instituciones educativas ya comienzan a debatir la incorporación regulada de la IA en el aula, con el objetivo de aprovechar sus beneficios sin descuidar el desarrollo integral de los estudiantes.

Un desafío educativo del presente

La presencia de la inteligencia artificial en la educación no es una tendencia pasajera, sino una realidad que continuará expandiéndose. El desafío, coinciden los especialistas, no es evitar su uso, sino encontrar un equilibrio adecuado.

“La tecnología avanza, pero el desarrollo infantil sigue teniendo las mismas necesidades de siempre: jugar, imaginar, equivocarse, explorar”, concluye Martínez. “La clave está en no reemplazar esos procesos, sino en complementarlos”.