26 mar. 2026

Más del 56 % de los adolescentes sufre de ansiedad si no responde los mensajes en redes

Un estudio realizado por dos renombradas universidades de España, dejó datos bastante preocupantes sobre la hipernectividad y la ansiedad que genera en menores de entre 14 y 17 años. Las chicas son las más afectadas y Tiktok es la red social que causa mayor impacto.

Captura de pantalla 2026-02-17 132015.png

La digitalización y la hiperconectividad, es ya parte de la vida de casi todas las personas, principalmente de jóvenes adolescentes, quienes encuentran especialmente en las redes sociales, su lugar en el universo. De hecho, gran parte de la vida afectiva de ellos transcurre en entornos virtuales: conversaciones vía chats, exhibición en redes y hasta relaciones en aplicaciones de citas.

Sin embargo, un estudio realizado en España, desarrollado por las universidades Rey Juan Carlos y Pontificia de Comillas, advierte sobre el impacto negativo de las hiperconectividad en adolescentes, especialmente en chicas. El dato más preocupante que lanza dicho estudio es la ansiedad generada por el excesivo uso de redes sociales.

Para dicho efecto, se analizó el comportamiento de 700 estudiantes de secundaria y bachillerato de entre 12 y 17 años. Sus conclusiones describen que la conexión permanente no solo es habitual, sino emocionalmente necesaria para la mayoría de los jóvenes.

Por ejemplo, el dato más llamativo habla de que el 76,5 % de las chicas de 17 años experimenta ansiedad si no responde de inmediato a los mensajes en redes sociales, frente al 57 % de los chicos de entre 15 y 16 años. Esta brecha de género refuerza la idea de que las dinámicas digitales no afectan por igual a adolescentes mujeres y hombres.

Captura de pantalla 2026-02-17 132101.png

La ansiedad y dependencia se presenta a partir de los 14 años
Por otro lado, el informe subraya que el 98,5 % de los menores encuestados presenta una necesidad funcional y emocional de estar conectado de manera constante, una cifra que revela hasta qué punto el teléfono móvil y las redes sociales se han integrado en la vida cotidiana adolescente.

Este incremento de la ansiedad se da a partir de los 14 años, edad que el estudio precisamente identifica como crítica. “En este tramo, el uso intensivo de plataformas como TikTok favorece conductas compulsivas y el temor a no disponer del teléfono móvil, un fenómeno conocido como nomofobia”.

Lo peor de todo es que, para muchos adolescentes las redes se han convertido en un espacio central de validación social, donde la rapidez en responder mensajes o recibir interacciones se percibe como un indicador de aceptación y pertenencia.

Plataformas que amplifican la ansiedad
Según el estudio, TikTok genera ansiedad en el 42 % de los menores cuando no reciben una respuesta inmediata, lo que refuerza la lógica de consumo rápido y constante de contenidos.

Instagram, por su parte, presenta un impacto diferenciado por género. El 67 % de las chicas y el 39 % de los chicos de entre 16 y 17 años manifiestan una inseguridad elevada si pierden el acceso a esta red social, lo que sugiere una relación directa entre autoestima y presencia digital.

En cuanto a la preferencia de consumo, YouTube predomina entre los 11 y 12 años, mientras que TikTok se impone entre los 13 y los 16, coincidiendo con las edades más vulnerables desde el punto de vista emocional. El primer grupo mencionado se dedica a mirar videos que les divierten, mientras que el siguiente grupo, se centra más bien en crear contenidos para dicha plataforma.

Otras consecuencias de la hiperconectividad
Entre las consecuencias detectadas destaca que el 60 % de los adolescentes pierde horas de sueño debido al uso de dispositivos y que el 20 % oculta el tiempo real de conexión, lo que apunta a una percepción de exceso o a la dificultad para autorregularse.

La alteración del descanso y la falta de control sobre el tiempo de uso son factores que, según el informe, contribuyen al aumento de la ansiedad y a problemas relacionados con la autoestima y las relaciones personales.

El estudio, finalmente plantea un reto de fondo: cómo equilibrar el acceso a la tecnología con la protección de la salud mental adolescente. Los datos muestran que la ansiedad asociada a las redes sociales no es un fenómeno marginal, sino una experiencia común, especialmente entre las chicas jóvenes.