03 ene. 2026

Inflación a la baja, alimentos en alza: el contraste que marcó el 2025

El 2025 cerró con indicadores macroeconómicos que, en términos técnicos, podrían considerarse favorables. La inflación anual se ubicó en 3,1%, una cifra inferior al 3,8% registrado en 2024 y también por debajo de la proyección inicial de 3,6%.

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Sin embargo, detrás de ese promedio general se esconde una realidad más compleja, el costo de los alimentos, uno de los principales componentes del gasto familiar, continuó creciendo a un ritmo muy superior al índice global.

Según datos del Banco Central del Paraguay, los productos alimenticios acumularon un incremento del 7,1% a lo largo del año, lo que explica por qué gran parte de la población no percibió una mejora concreta en su poder adquisitivo, pese a la desaceleración inflacionaria.

El contraste entre estadísticas y realidad cotidiana

La inflación promedio suele ser un indicador clave para evaluar la estabilidad económica, pero no siempre refleja de manera fiel el impacto real en los hogares. Esto ocurre porque el peso de cada rubro varía según el nivel de ingresos y el patrón de consumo de las familias. En los sectores medios y bajos, los alimentos y servicios básicos concentran una mayor proporción del gasto, por lo que los aumentos en estos ítems tienen un efecto inmediato y directo en la economía diaria.

En ese contexto, aunque algunos precios mostraron descensos puntuales, el encarecimiento sostenido de la canasta alimentaria terminó neutralizando cualquier sensación de alivio.

Diciembre con deflación, pero sin cambios estructurales

El último mes del año arrojó un dato llamativo, una deflación del 0,3% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). No obstante, el propio informe oficial aclara que esta caída respondió principalmente a factores estacionales y coyunturales, y no a una reducción estructural del costo de vida.

Las bajas se concentraron en rubros tradicionalmente volátiles, como ciertos alimentos frescos, combustibles y bienes durables importados. En paralelo, los servicios continuaron registrando incrementos, lo que limitó el impacto de la deflación mensual en el presupuesto de los hogares.

Alimentos con bajas temporales

Dentro del grupo alimenticio, se observaron reducciones en el precio de las hortalizas, favorecidas por una mayor oferta local gracias a condiciones climáticas más favorables para la producción. También se registraron descensos en productos lácteos, asociados a un aumento en los niveles de producción y a menores costos de algunos insumos.

A estos rubros se sumaron bajas en huevos, pastas alimenticias y azúcar. Sin embargo, estos descensos tuvieron un carácter transitorio y no lograron compensar los aumentos acumulados durante el resto del año en otros alimentos de mayor peso en la dieta familiar.

Combustibles y bienes importados: alivios parciales

Otro factor que contribuyó a la deflación de diciembre fue la reducción en los precios de los combustibles. Todos los tipos de carburantes —nafta súper, nafta común, gasoil común y gasoil aditivado— registraron bajas, en línea con la caída sostenida de los precios internacionales del petróleo observada en los últimos meses.
Asimismo, los bienes durables de origen importado mostraron ajustes a la baja. Vehículos como autos, camionetas y motocicletas, así como electrodomésticos —televisores, cocinas, lavarropas, congeladores y equipos de climatización— se beneficiaron de la apreciación del guaraní frente al dólar, lo que redujo los costos de importación.

Las subas que marcaron el año

Pese a estos alivios puntuales, los mayores incrementos se concentraron en los productos de consumo masivo. Las carnes, tanto vacuna como porcina y aviar, encabezaron las subas del año, seguidas por frutas frescas y bebidas no alcohólicas.

En el caso de la carne vacuna, los aumentos estuvieron estrechamente vinculados a una menor oferta destinada al mercado interno, producto del mayor dinamismo de las exportaciones. A esto se sumaron incrementos en el precio del ganado en pie y de la carne al gancho, lo que elevó los costos a lo largo de toda la cadena productiva, desde el productor hasta el consumidor final.

Las carnes de cerdo y aves, consideradas bienes sustitutos, también registraron aumentos, impulsados por un comportamiento estacional asociado al mayor consumo durante las fiestas de fin de año. En la misma línea, se observaron subas en menudencias y embutidos. En el rubro de bebidas, destacaron los incrementos en gaseosas, agua mineral y jugos envasados.

Servicios en alza constante

A diferencia de algunos bienes, los servicios mantuvieron una trayectoria ascendente durante gran parte del año. Se reportaron aumentos en pasajes aéreos, paquetes turísticos al exterior, servicios de peluquería y cuidado personal, así como en comidas y bebidas consumidas fuera del hogar y alimentos preparados para llevar.

También se registraron incrementos en servicios de salud, incluyendo consultas odontológicas y análisis laboratoriales, rubros que inciden de forma significativa en el presupuesto mensual de las familias.

Un cierre con impacto desigual

En balance, la inflación de 2025 cerró en niveles más bajos que los del año anterior, confirmando una mayor estabilidad de precios a nivel macroeconómico. Sin embargo, el impacto fue desigual, mientras algunos precios bajaron de forma puntual, los alimentos y servicios —los rubros que más pesan en el gasto cotidiano— continuaron encareciéndose.

Este escenario explica por qué, para gran parte de la población, la desaceleración inflacionaria no se tradujo en una mejora tangible del bienestar económico. La mesa familiar siguió siendo más cara y los gastos esenciales mantuvieron una presión constante, dejando en evidencia que la inflación promedio no siempre refleja la realidad del bolsillo.