Los actos de violencia que mancharon el último superclásico del fútbol paraguayo entre Olimpia y Cerro Porteño, tuvo incluso repercusión mundial y, hasta hoy día son solo unos pocos los aprehendidos por la Policía Nacional.
Ahora, no está demás tratar de buscar una explicación a estos hechos que tuvieron como principales protagonistas a los hinchas del sector norte del estadio Defensores del Chaco, y a efectivos policiales.
En conversación con el sociólogo Nicolás Chase, el mismo primeramente le dio una denominación específica a lo sucedido el último domingo. “Para poder abordar y tener una mayor comprensión y entendimiento del porqué en la cancha, en el último Clásico ha brotado la violencia, es importante aclarar que ha ocurrido un tumulto social violento”.
Así, explicó que el “tumulto social violento” se caracteriza por la espontaneidad, la no planificación y que la duración del acto es corto. Se trata de un tipo de violencia que normalmente “se manifiesta entre grupos en escenarios públicos o inclusive en el ámbito intrafamiliar”.
¿Por qué se da este tipo de violencia?
Para el profesional, las causas se encuentran arraigadas fuera de la cancha. “Esta violencia se origina en factores sociales, económicos, psicológicos, biológicos, mala educación académica y racismo o discriminación por la orientación sexual de los individuos”. Un factor, o una mezcla de estos factores, hace que un tumulto social florezca.
Según el entrevistado, es casi seguro de que si se hiciese un estudio sociológico de quienes asisten a los partidos de fútbol “encontraremos que un porcentaje importante proviene de áreas donde impera la pobreza, el hacinamiento, el hambre, la drogadicción, la exclusión social, la falta de trabajo, la falta de modelos sociales, políticos y culturales”.
Es por ello que, la falta de una educación formal, familias que se construyen sin valores éticos y todo lo mencionado anteriormente, son los factores estructurales de este comportamiento social violento.
Así, agregó que los factores previamente nombrados crean un caldo negativo, induciendo un comportamiento psicológico determinando el comportamiento hacia la violencia, a través del temperamento agresivo, la violencia intrafamiliar y el comportamiento social violento.
Desahogo de frustraciones
“Teniendo en cuenta todos estos elementos, un porcentaje muy importante de los espectadores son y están frustrados socialmente, psicológicamente, biológicamente y/o tienen un desajuste biológico o hereditario, que los lleva a resolver conflictos sociales o personales con la violencia”.
“Muchos individuos van a la cancha para divertirse, pero muchos otros van con la intensión intrínseca de buscar un desahogo de sus frustraciones. La rivalidad entre miembros de clubes, el fanatismo, la aglomeración y el jaleo (bullicio), son un agar ideal para que en cualquier momento estalle un conflicto con resoluciones violentas”, prosiguió.
El entrevistado, se refirió igualmente a la poca capacidad del estado paraguayo para sobrellevar este tipo de situaciones de violencia. “En síntesis, en el Paraguay el estado a través de sus gobiernos demuestra que no tienen ninguna política investigativa, ni un protocolo para diagnosticar, detectar y paliar esta violencia en las canchas de fútbol”.
“Un porcentaje muy importante de los espectadores son y están frustrados socialmente, psicológicamente, biológicamente y/o tienen un desajuste biológico o hereditario, que los lleva a resolver conflictos sociales o personales con la violencia”
¿Mismo trabajo que con los hooligans?
Finalmente, el sociólogo hizo mención a un ejemplo histórico de las décadas de entre 1980 y 1990, con los hooligans del futbol inglés. “El estado inglés, a través de sus distintos gobiernos logró un protocolo de acciones para paliar la violencia en las canchas de futbol. No podemos matar al perro para erradicar la rabia. Es decir, no podemos clausurar los estadios ni eliminar el futbol, para controlar estos estallidos de Tumultos Sociales”.
“El Estado debe preocuparse y ocuparse del tema, ya que el problema no empieza en las canchas, es solamente un síntoma. La APF (Asociación Paraguaya de Fútbol) y los Clubes deben ponerse a disposición simplemente para colaborar. Además, el accionar del Estado, en sus tres poderes, es fundamental para disminuir este tipo de violencia”, cerró