Días atrás, el Ministerio Público comunicaba que hasta el mes de julio sumaban un total de 14 víctimas de feminicidio; sin embargo, recientemente se dieron más casos y la cifra trepó a 16. Números bastante preocupantes.
Además, estos 16 casos impactan todavía mucho más, atendiendo a que casi 30 hijos quedaron sin su madre. Además, se registraron 24 casos de tentativa de feminicidio y otras muertes violentas que aún se encuentran en plena etapa de investigación.
Celsa Vera, psicóloga y psicoterapeuta con énfasis en violencia hacia la mujer, se refirió al tema y ofreció algunos puntos claves que llevan a que se produzcan situaciones violentas que finalicen en feminicidios.
“El feminicidio es la expresión más extrema de la violencia machista. Detrás hay una historia de control, celos, amenazas y de un hombre que no acepta un ‘no’”, empezó explicando, además de agregar que “cuando la mujer decide separarse o poner límites, para el agresor es perder el poder. Y en vez de hacerse cargo de su frustración, elige destruir. No es un ‘crimen pasional’. Es violencia planificada”.
La profesional, añadió que “las mujeres que llegan a consulta me dicen frases como ‘me cela mucho pero me quiere’, ‘me grita pero después me pide perdón’. Ahí empieza. La violencia no inicia con un golpe, inicia minimizándose”.
Se necesitan dos cosas urgentes:
Primero: Educar en vínculos sanos desde la escuela. Enseñar a los varones a gestionar frustración y a las mujeres a detectar las primeras banderas rojas.
Segundo: Que las instituciones le crean a la mujer en la primera denuncia. Muchas veces, cuando pide ayuda ya es tarde.
“El feminicidio no es un tema de mujeres, es un tema de salud pública y de humanidad”.
Finalmente, Vera hizo referencia a los huérfanos de madre que quedan tras un caso de feminicidio, incluso explicó que el daño es devastador y transgeneracional. “Esos niños quedan con una herida doble, ya que pierden a su mamá de forma violenta y muchas veces pierden también a su papá, porque está preso o se quitó la vida”.
Por otro lado, queda un trauma, la culpa, el miedo. "¿Por qué no me protegió nadie?” "¿Fue mi culpa?”. “Si no hay una red que los sostenga terapéuticamente, es muy probable que repitan esos patrones de violencia o de víctima en sus futuras relaciones. Necesitamos políticas de acompañamiento psicológico urgente para ellos”, finalizó.