Cada 21 de julio, se celebra el Día Mundial del Perro. Una fecha creada para homenajear a los compañeros más fieles y, sobre todo, para generar conciencia sobre la adopción responsable, la tenencia cuidadosa y la lucha contra el abandono y el maltrato animal.
De hecho, Organización Mundial de la Salud (OMS) que señala que el 70% de los perros en el mundo no tienen hogar. Además, se estima que en Paraguay existen entre 1.6 y 1.9 millones de perros, calculados a partir de los datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares Continua administrada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Sin embargo, algo que de un tiempo a esta parte se viene dando mucho, sembrando preocupación en profesionales especializados en el estudio científico del comportamiento animal, es la humanización de perros y gatos. En el caso de los caninos, se viene registrando un aumento bastante acelerado.
“Un poco de humanización es imprescindible, pero el exceso no es bueno”, es la premisa que manejan los profesionales veterinarios, quienes también se ocupan en evitar la humanización exagerada, con recomendaciones para los dueños.
Es más, ningún perro está a salvo de ser humanizado, ya que los únicos culpables son los propietarios del animal. Esta humanización suele darse generalmente en perros pequeños como chihuahuas, yorkshires, bichones, caniches, schnauzers o westies.
Consecuencias de humanizar a un perro
Este tipo de humanización acaba siendo perjudicial para el animal, ya que adquirirá un comportamiento indeseado. Es muy probable que un perro humanizado no respete las normas o haga caso. Estará todo el día pidiendo comida de humanos u ocupará la cama de su dueño, que se verá obligado a hacer malabares para poder tener un hueco.
Generalmente, humanizar a un perro puede acarrear graves consecuencias para su salud, tanto física como psicológica:
Agresividad
Es probable que el perro acabe teniendo comportamientos agresivos si no consiguen lo que quieren, al no reconocer que el humano está por encima de él en la jerarquía.
Falta de socialización
Las personas que tratan a su perro como un ser humano, prácticamente no le dejan ser perro, por lo que rara vez interactúa con otros de su especie. Por lo tanto, pueden volverse muy inseguros con otros perros.
Aumento de peso
La falta de interacción con otros perros y de ejercicio así como la ingesta descontrolada de comida, tanto pienso como alimentos de humanos, hará que coja peso rápidamente.
Ansiedad
Los perros que están acostumbrados a estar constantemente con sus dueños luego no consiguen estar solos. Por lo tanto, es habitual que sufran ansiedad por separación.
Miedo
También es común que un perro humanizado pueda mostrar signos de miedo y nerviosismo al entrar en contacto con estímulos desconocidos. Todos tenemos miedo, pero los perros gestionan las emociones de manera diferente. Así que, hay que saber gestionarlas correctamente.
En este sentido, los perros aprenden en base a refuerzos positivos y es muy probable que gestos de cariño lleguen en momentos que no tocan. Por ejemplo, si un perro está ladrando a otro no se le puede acariciar la cabeza para que se calme, pues él entenderá que está haciendo algo bien.
¿Cómo cubrir sus necesidades reales de perro?
Amar a un perro adecuadamente implica respetar su etología y su lenguaje.
Permitirles ser perros: Dejar que exploren, se revolquen, husmeen durante los paseos y se manchen.
Socialización: Fomentar la interacción con otros canes para que aprendan a establecer sus propios límites y lenguaje.
Ejercicio físico y mental: Los paseos no solo sirven para hacer sus necesidades, sino para quemar energía y estimular su mente a través del olfato.
Educación y rutinas: Establecer normas constantes, horarios fijos y refuerzo positivo para brindarles seguridad y estabilidad.