La adolescencia es la etapa de desarrollo caracterizado por cambios hormonales, desarrollo psicológico y desarrollo social, cambios que a su vez, irán con una evolución durante toda la etapa (de entre 10 a 19 años).
Es ahí, cuando la lucha por la independencia de los padres se presenta como una de las situaciones que muchas veces genera mayor tensión en el proceso, debido a que genera una necesidad de adaptación de ambas partes. Esto según Lenny Lugo, psicóloga enfocada en adolescencia.
“En la etapa de entre 10 a 16 años, la necesidad y mayor importancia de pertenecer a un grupo de más personas, se da en este grupo de adolescentes, pero se transforma hacia el final de la adolescencia en una necesidad de una relación más individual e íntima; es decir, entre los 17 a 19 años importa más tener amigos más íntimos, e incluso el noviazgo, que tener muchos amigos o formar parte de un grupo grande”, menciona la profesional.
Así, el adolescente se va alejando de sus padres, quizá no desde el lado sentimental, pero sí desde el lado comunicacional.
“Independencia” no significa dejar de estar atentos a ellos
Otro factor de cambios en esta etapa de desarrollo, se da también porque los adolescentes viven actualmente “con ciertas libertades o permisos liberados en sus casas. Pueden salir, se juntan fuera del horario de clases, van al gimnasio, etc. Sin mayores restricciones, muchas veces debido a que los padres salen a trabajar y quedan sin la supervisión correspondiente, límites insuficientes, padres permisivos, etc”, explica la psicóloga.
Es por ello que, cuando un adolescente se encuentra en una situación en la que identifica que en su casa las condiciones son distintas, con límites, restricciones o mayor control, surgen ciertos malestares emocionales, enojos hacia los padres, aumenta la rebeldía, se vuelven impulsivos, tomando decisiones en las que sus acciones son contrarias a las que sus padres les imponen.
En adolescentes que no cuentan con esa “libertad” que otros sí parecen poseer, es que “podría estar operando desde su necesidad de independencia, que incluso puede ser contradictoria a lo que entiende que está mal, o no le es permitido, mirando como acciones sin riesgo o que no están del todo mal lo que eligen hacer. Aquí pesan sus acciones para poder asegurarse de encajar y pertenecer al grupo”.
“Para lograr sus objetivos, muchas veces recurren a mentir sobre sus amigos, o sobre el lugar al que van, por vergüenza o temor a la burla ajena. Y también para evitar ser castigados o reprendidos por sus padres o cuidadores”.
La explicación de todo esto, es que muchas veces el adolescente está más preocupado por lo que él puede aparentar en los ojos de los demás, o sea, la imagen que proyecta, que en cómo él realmente se siente.
“Éste es el riesgo principal de la etapa, la de confiar en los demás que en sí mismo. Y aquí hay una crisis en esa identidad, priorizan la aprobación de los demás sobre sus propios criterios, y se ponen en riesgo”.
Normalmente, se da que adoptan conductas donde ceden a la presión, pueden consumir drogas, alcohol, y por ende, son más vulnerables a la manipulación debido a que puede caer en relaciones abusivas. Además, construyen un falso ‘yo’, que olvida cuáles son sus propios gustos y valores, quedándose en personas que le hacen daño”.
Hay que actuar para prevenir situaciones que lamentar
Según la licenciada, cuando los padres notan en sus hijos los cambios como los ya mencionados más arriba, es que deben saber cómo actuar. Puede ser buscando ayuda profesional, siempre evitando juzgar, escucharlos, preguntar de forma reflexiva, ofrecerles que puedan elegir sobre aspectos acordes a su edad (ropa, decoración, peinado, actividades, etc.). Hay que hacerlos entender que deben asumir las consecuencias de sus malas decisiones”.