25 largos años han pasado de aquel 11 de septiembre de 2001 (11-S), en que Estados Unidos sufrió uno de los atentados más dolorosos de su historia. Aquel día, cerca de las 09:30, dos aviones comerciales secuestrados se estrellaron contra las Torres Norte y Sur del World Trade Center (Torres Gemelas).
Un tercer avión impactó el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania tras la resistencia de los pasajeros. Aunque en los atentados murieron cerca de 3.000 estadounidenses, entre las víctimas también había cientos de ciudadanos de otros países, cerca de 372, procedentes de alrededor de 60 países.
Los 19 secuestradores murieron al ejecutar los ataques, 15 eran ciudadanos saudíes, dos de Emiratos Árabes Unidos y uno de Egipto y otro de Líbano.
La trágica historia “Dusty Lady”
Marcy Borders, una mujer que sobrevivió a los atentados del 11 de septiembre, al momento de los atentados acababa de ingresar hacía un mes a trabajar en las oficinas del Bank of América en las torres gemelas. Borders, que tenía entonces 28 años, tras el impacto del primer avión huyó por las escaleras.
Justo cuando llegó a la calle, para refugiarse en un edificio cercano, la Torre Sur, misma en la que trabajaba (en el piso 81) colapsó, atrapándola en una enorme nube tóxica. Allí, el fotógrafo de la AFP, Stan Honda, le tomó una histórica fotografía en la que aparece cubierta por una espesa capa de ceniza, que le valió el apodo de “The Dust Lady” (La dama de polvo).
La apariencia de la mujer y el terror en sus ojos, inmediatamente hizo eco en todos los portales del mundo como una de las imágenes más descriptibles de aquel desastroso día para el pueblo estadounidense.
“No trabajé en casi 10 años”
Medios de Estados Unidos y de todo el mundo trataron de ubicar a la sobreviviente, pero sin éxito alguno. Hasta que en 2011, Marcy Borders habló por primera vez y relató al Daily Mail cómo vivió el trágico suceso: “El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”.
En los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos. “No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”, agregó.
“No trabajé en casi 10 años… Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”
Sin embargo, tras una larga lucha interior y después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos.
¿Un cáncer despertado por los ataques?
En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago y Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal. “Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”. “Me digo a mí misma, '¿esta cosa encendió las células cancerígenas en mí?”, indicó.
En entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.
Penosamente, el fallecimiento de la “Dama de Humo” fue comunicado en en 2015 por Juan Borders, primo de Marcy, quien la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”.
En el décimo aniversario de los ataques, Stan Honda, quien tomó la histórica fotografía recordó el su cuenta de Facebook: “Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, describió.
Las huellas que quedaron en los sobrevivientes
Las implicaciones sanitarias del derrumbe del World Trade Center se convirtieron en una preocupación inmediatamente después de la caída de las torres. Y lo más importante fueron los primeros intervinientes que acudieron al lugar de los hechos durante y después del atentado, respirando un aire cargado de polvo y partículas procedentes de los edificios derrumbados y quemados en el bajo Manhattan.
Muchos de ellos quedaron traumatizados por lo que tuvieron que soportar. Así comenzó una saga de 20 años de investigaciones médicas, esfuerzos legislativos y protestas públicas que continúa hasta hoy.