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03 de Febrero, 2013 | Nacionales

La muerte de un personaje clave de la transición paraguaya

Con el fallecimiento de Lino César Oviedo Silva, se produce también la partida de uno de los hombres que marcó la política paraguaya desde el golpe de 1989.

Lino Oviedo.

Oviedo se desempeñaba como un oficial del arma de Caballería, que en tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner, era el estamento militar más importante y mejor equipado de las FFAA paraguayas. Era completamente desconocido hasta el 2 y 3 de febrero de 1989, cuando el entonces jefe del Primer Cuerpo de Ejército, Andrés Rodríguez, lo había convocado para participar del golpe de Estado contra el anciano dictador.

Oviedo tuvo una preponderancia tal la noche de La Candelaria que fue el oficial que arrestó a Stroessner en los sótanos del Estado Mayor, donde se había refugiado el hombre que gobernó con puño de hierro al país durante 35 años.

Tras el exitoso operativo, y bajo la tutela de Rodríguez, Lino Oviedo ganó preponderancia tanto a nivel militar como en la posterior vida civil. Rápidamente fue ascendido hasta el grado de general de brigada, en un ascenso meteórico que costó el pase a retiro de numerosas camadas más antiguas que la suya. Así pasó a ser jefe del poderoso I Cuerpo de Ejército, y luego como comandante del Ejército, ya con el cargo de general de división.

Aún seguía ligado a las Fuerzas Armadas, pero su influencia iba más allá de su labor como jefe militar. Desde su comandancia tuvo también una activa participación en la política, especialmente en las internas coloradas de 1992, cuando las urnas habían cantado el triunfo de Luis María Argaña en esos comicios que debía conocerse al candidato presidencial de la ANR.

En un golpe de autoridad y de “gestión” política, Oviedo impidió el reconocimiento de Argaña y, en cambio, se concedió la victoria al incipiente político y empresario Juan Carlos Wasmosy, que a la postre sería electo presidente de la República, en abril de 1993.

Este gesto consumó a Oviedo como hombre clave ya de la política en Paraguay en aquellos años: hombre fuerte de las Fuerzas Armadas (ningún oficial era ascendido sin su consentimiento) y el presidente electo le debía el puesto.

Este maridaje en el poder tuvo consecuencias nefastas para el país que culminarían con los dolorosos sucesos del marzo paraguayo. Un enfrentamiento entre Oviedo y Wasmosy, en abril de 1996, desembocó en la mayor crisis de la naciente democracia paraguaya, que provocó zozobra en la ciudadanía tras el acuartelamiento de Lino, posterior promesa de nombramiento de ministro de Defensa y su destitución como jefe del Ejército.

Ya en la vida civil, tras su alejamiento del Ejército, Oviedo fundó su propio movimiento interno del Partido Colorado: Unión de Colorados Éticos (Unace) que se convirtió en todo un fenómeno político en las internas de 1997, donde no sólo venció al aparato oficial (Carlos Facetti, candidato de Wasmosy), sino al caudillo republicano Luis María Argaña.

Tras su victoria electoral, y su probable triunfo en las generales del 98, fue conformada una insólita e inconstitucional Junta Militar que lo juzgaría por los sucesos de abril de 1996. Esta junta determinó que Oviedo fue culpable de intento de insurrección y por lo tanto no estaba habilitado para ser candidato presidencial. Pese a que lograron apartarlo, momentáneamente, el general retirado, apoyó la candidatura de su vice, Raúl Cubas Grau, quien lideró la chapa colorada y obtuvo un aplastante triunfo en los comicios presidenciales.

Lino Oviedo seguía siendo un factor determinante en la política. Su delfín sería el presidente de los paraguayos. Una de las primeras acciones que tomaría Cubas fue el indulto a su protector, quien estaba arrestado por decisión de la junta militar.

La gran oposición que despertaba por esos años la figura de Lino Oviedo arreció tras el indulto y una serie de escaramuzas políticas desembocó en los trágicos sucesos de marzo de 1999.

Apenas habían pasado 10 años de la rebelión que derrocó a Stroessner y el país estaba nuevamente en vilo. Y en medio de todo ello, Lino Oviedo. Los sucesos fueron vertiginosos: muerte de Argaña, matanza de jóvenes en la plaza del Congreso, renuncia de Cubas, y exilio del expresidente y de su mentor.

Desde la Argentina, Oviedo seguía moviendo los tentáculos de la política y era considerado un actor de primera línea. Tras ser considerado prófugo de la justicia, finalmente se entregó para ser juzgado por los sucesos del marzo paraguayo, situación que mientras se iba dirimiendo permaneció privado de su libertad.

Finalmente, la justicia lo sobreseyó de todas las causas vinculadas al magnicidio de Argaña y de la matanza de jóvenes, en una medida que provocó reacciones, especialmente de los hijos del exvicepresidente.

A partir de allí, Oviedo -ya rehabilitado políticamente- se presentó como candidato del partido que había fundado, Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (Unace) para las elecciones generales de 2008, donde se colocó en tercer lugar detrás de Fernando Lugo (alianza) y Blanca Ovelar, del Partido Colorado.

El hombre que reveló en una entrevista que para mantenerse en la vida y costear su campaña posee apenas “explota una cantera” e vende postes de caranday, iba a presentarse a su segunda elección presidencial, en abril venidero, pero la desgracia truncó su vida, una vida que vivió –especialmente en los últimos 24 años- siendo uno de los personajes centrales de la vida política del Paraguay.

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