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22 de Noviembre, 2015 | Nacionales

Emiliana, 28 vacas y una carrera imposible

La historia de la joven Emiliana Wiens Gómez refleja las barreras para las mujeres indígenas para estudiar una carrera universitaria en Paraguay.


Fátima E. Rodríguez

farodriguez@sd.com.py

“Atepc atnejec secyasenvayam panatem” escribe ella en el cuaderno anotador de una socióloga que llegó a su comunidad. “Quiero seguir estudiando enfermería”, traduce después Emiliana Wiens Gómez. Emiliana tiene 27 años, es del pueblo Enlhet Norte y vive en la “Comunidad La Armonía” en el distrito de Irala Fernández, Departamento de Presidente Hayes, en el Chaco Paraguayo.

 

Emiliana Wiens Gómez. Foto: Sintya Valdez

 

Emiliana es hija de Elvira Gómez y Miguel Wiens. Tiene una hermana que se llama Nercia. Miguel, su padre, es un hombre que cree que una carrera universitaria es la herramienta que sus dos hijas podrían tener para defenderse en la vida. “Nuestro sueño es verle a nuestra hija estudiar. Eso da gusto”, dice en su español pausado. Miguel tiene una historia marcada de discriminación que pretende superar mediante la oportunidad para sus hijas.:“Mi apellido, el apellido de mi abuelo era Recalde, pero a los menonitas les costaba pronunciar y entonces, para poder trabajar, me pusieron ese apellido Wiens”, dice.

 

“Teníamos 28 animales y tuve que vender todo, pero no alcanzó, no tenemos más nada para pagar los estudios de nuestra hija. Terminó segundo año, tenía que hacer el tercero, pero no pudimos”, explica Miguel.

 

Emiliana es tímida. Tiene la piel oscura y los ojos negros. Sus padres, han perdido las 28 vacas que tenían. Esas vacas implicaban todos sus ahorros, todo su tesoro, toda la herencia para Emiliana y Nercia. Les había costado muchos años de trabajo. “Vos tenés animales, vendé tus vacas para hacerle estudiar a tus hijas”, le dijo el intendente a Miguel cuando -desesperado- se fue a pedir ayuda para su hija. Le hizo caso al intendente, pero sus 28 vacas no alcanzaron, ya que solamente la mensualidad de la universidad debía pagar 650 .000 guaraníes, el alquiler le costaba 1.200.000 guaraníes en Asunción.

 

¿Por qué un alquiler tan caro? ¿Por qué va a una universidad privada? Los alquileres en Asunción están así de caros y Miguel quería que su hija estuviera en un lugar seguro, cerca de la universidad. Así que encontró una habitación en un edificio con guardia de seguridad. Lo más importante es que ella se sintiera segura, explicaba Miguel con la frase “ella es mujer, no puede estar sola en cualquier lugar”. Miguel tiene razón, este es un país que no acostumbra a respetar a las mujeres y más aún cuando son indígenas.

El edificio donde vivía era tan seguro que cuando se fue y no pudo pagar el alquiler del mes, no le dejaron retirar sus cosas porque no pagó la garantía.

Emiliana no habla mucho, pero atina a hilar una frase clara en español: “Esto pasa cuando la educación no es un derecho”.

Emiliana fue a la escuela “03 de Agosto- La Armonía”. Desde el primero hasta el sexto grado tenía profesora indígena. A los 12 años debió separarse de sus padres y de su comunidad para estudiar la secundaria, es decir, desde séptimo hasta el tercer año fue a una comunidad más lejana: Yalve Sanga, departamento de Boquerón. Allí, en un internado, hizo la secundaria y sus padres debieron apechugar los costos de aproximadamente 200 mil guaraníes mensuales.

“A los 18 años terminé el colegio, volví a mi casa y ahí supe que había una carrera de enfermería en la Universidad Politécnica Autónoma del Paraguay. Las clases eran los viernes y sábado de noche en la ciudad de Filadelfia”, cuenta Emiliana. Filadelfia queda a unos 250 kilómetros de su comunidad “La Armonía”. Emiliana contaba con el apoyo de sus padres. Miguel la llevaba en moto los viernes y se quedaban a dormir en las comunidades indígenas después de clases, se las arreglaban comiendo algunas cosas por ahí y luego, sábado de noche volvían a su casa. Además de los gastos de traslado, alimentación y demás, debían pagar la cuota de la universidad que en ese entonces era 200 mil guaraníes. Emiliana recuerda que se le complicaba conseguir los materiales de lectura. A duras penas, logró hacer el primer año, pero luego no pudo continuar.

“Era lejos, era peligroso viajar tanta distancia en la ruta”, explica. Entonces, al año siguiente, se inscribió a la carrera de Administración de Empresas en una universidad en Cruce Pioneros. Emilia se dio cuenta que esto no era lo que le gustaba, pero aguantó 6 meses, porque le costaba mucho.

Emiliana quería estudiar enfermería y sus padres lo sabían. Miguel- un hombre que conoce a mucha gente -oyó de una beca para los indígenas en Itaipu. “Me iba y venía a Asunción para preguntar el tema de la beca de Itaipu. En eso participó de la prueba de admisión, donde estuvieron 3.500 jóvenes, pasó y ganó la beca de Itaipu en ese año. Allí escogió el Centro Médico Bautista y decidió estudiar nuevamente enfermería. Eso fue en 2011. Tuvo la beca hasta el 2012 con un pago de 1.600.0000 guaraníes mensuales y la familia pagaba el alquiler donde ella vivía”, explica Miguel Wiens.

Wiens expone que ese monto les ayudaba mucho para que su hija pueda sostenerse ese año. En esta beca, ella tenía que mantener mediante una buena nota y una serie de requisitos.

A Emiliana le jodió una vez más la burocracia. Primero le pidieron justificar todos los gastos de la beca y además, presentar ciertas documentaciones que ella no reunió. “Primero le dijeron que tenía que anotar todo lo que compraba, luego le dijeron que era por las notas, pero no pudimos entender, por qué le sacaron la beca, porque en el Bautista siempre nos dijeron que nuestra hija era inteligente... era en los tiempos en que habían hecho el golpe al presidente Fernando Lugo y había asumido Federico Franco” recuerda el padre. La socióloga Sintya Valdez recogió la historia para dar a conocerla como una denuncia de una injusticia, una de acceso a una educación. 

Dos discursos y un Estado ausente

Las políticas públicas en torno a los pueblos indígenas se debaten entre los teóricos “conservacionistas” y los “evolucionistas”. Los primeros sostienen que el Estado debe garantizar el territorio y el respeto hacia la cultura de los diferentes pueblos indígenas para que ellos mantengan sus formas de vida ancestrales . Los segundos proponen que los indígenas deben “evolucionar” y para ello deben renunciar a sus formas de vida ancestrales para incluirse como “paraguayos”, con las mismas oportunidades laborales y de educación, y que para ello se deben aplicar programas sociales para “enseñarles” a ser propietarios, ciudadanos, universitarios.

Los teóricos suelen tener muchos ejemplos. Lo cierto es que la historia de Emiliana es un ejemplo de cómo las barreras suelen ser más fuertes en la vida real que en las teorías.

 

Una mirada desde el “ser mujer”

La historia de Emiliana es diferente a la historia Melanio Pepangi. Melanio es indígena y consiguió la misma beca de Itaipú y este año se recibe de Licenciado en Enfermería. A Melanio le costó mucho al principio. Le daba nauseas el acondicionador de aire de la clase, le costaba hablar en español, pero Melanio logró “adaptarse” gracias a que fue a alquilar con otros dos compañeros becarios y ahí, además de compartir los gastos, aprendió a reunir todos los requisitos burocráticos para continuar con la beca. Emiliana, en cambio, no corrió con la misma suerte. Emiliana es tímida y sus facciones indígenas son muy acentuados.

La historia de Emiliana es una historia no solamente de mujeres indígenas, sino también de muchas mujeres campesinas que creen en la emancipación mediante la educación, esa máxima positivista que en Paraguay no se aplica: las personas más formadas son las que menos acceden a trabajos según un estudio del Centro de Análisis de Difusión y Economía del Paraguay ( CADEP). Las mujeres campesinas cuando salen de sus hogares además deben ayudar a su familia, por lo que muchas veces, deben postergar los estudios, según investigaciones que refieren a quienes aportan con remesas en los hogares del interior.

 

Una poetisa paraguaya- Carmen Soler- en su poema “Penas encimadas” denuncia la realidad de "ser pobre y ser mujer"

 

Penas encimadas

Voy a decirlo de entrada

Para el que quiera entender

Son penas muy encimadas

 

El ser pobre y ser mujer

Trabaja toda la vida

Apenas para comer.

Tiene las penas del pobre

Y más las de ser mujer.

 

La rica tiene derechos

La pobre tiene deber

Ya es mucho sufrir por pobre

Y encima por ser mujer.

 

Está tan desamparada

Y es madre y padre a la vez.

Derechos ni el de la queja.

Por ser pobre y por mujer

 

Se hacen muchos discursos

Sobre su heroísmo de ayer.

En el papel la respetan.

Pero sólo en el papel.

Y lo repito de nuevo

Para el que quiera entender

Son penas muy encimadas

El ser pobre y ser mujer.

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