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02 de Enero, 2017 | Internacionales

Esclava sexual por 13 años: "Mis bebés eran vendidos"

Fue secuestrada por un taxista a los 15 años, escapó a los 28, luego de dar a luz en varias ocasiones. Hoy, a los 44 años, cuenta el infierno que vivió, en su libro Esclava Secreta.

Portada del libro Esclava Secreta.

 

Los años de pesadilla los vivió en una casa de la región central de Inglaterra, Anna Ruston (nombre ficticio) cuenta como sobrevivió a los 13 años de encierro y abusos. Su temor sigue siendo grande, y aunque pasaron los años, ella evita identificar a su secuestrador, un conductor de taxi asiático a quien da el nombre de Malik.

Anna cuenta a Samantha Haque, reportera de Today de BBC Radio 4, que ella fue rechazada por sus padres. Se hizo amiga del taxista en 1987 y un día él la invitó a conocer a su familia, que la componían sus hermanos con sus mujeres, sus hijos y su madre.

Ella aceptó tomar el té, pero luego él insistió en que pase la noche en la casa; aceptar fue su mayor error, esa misma noche fue abusada. "Yo imaginaba que un día él iba a entrar al cuarto y decir: 'Ponte los zapatos y vamos'. Pero eso nunca ocurrió", cuenta Anna, quien era sistemáticamente abusada por Malik, así como sus parientes y amigos, a quienes era ofrecida como prostituta.

Tuvo 4 hijos, todos entregados a desconocidos. Ella recuerda sobre todo a su primer bebé, nunca lo dejaron amamantar o al menos cambiarle la ropa. "Cuando vi que había sido circuncidado y tenía la cabeza rapada, sabía que nunca lo volvería a ver", cuenta ella.

Fueron varios sus intentos de suicidio y en más de una ocasión acabó en el hospital. Pero en la sala nunca la dejaron sola y no podía contar su situación a los médicos. "Había siempre 3 o 4 personas conmigo", comenta.

Así pasaron los años, en la misma situación, hasta el día que Malik le dijo que irían con su familia a Pakistán. Es ahí donde ella supo que no tenía opción, era huir o morir en el intento.

Fue entonces que consiguió entregar una esquela con el pedido de auxilio a una asistente social que había visitado a su cuarto hijo y esta aceptó ayudarla. Fue entonces durante el Ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, que logró huir.

"Ellos oraban en la habitación de al lado y vi que la llave estaba en la puerta. Bajé las escaleras, abrí la puerta, sentí el aire fresco y corrí, corrí hacia el coche de la trabajadora social que estaba esperando en la esquina", cuenta ella.

Nunca reveló la identidad de su captor a la policía, porque hasta hoy teme por su vida. "El tomó todo de mí, me sentía pésima, sucia. Espero que la gente no me juzque y que se haga justicia por todo lo que ese hombre me hizo pasar", concluyó.

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