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24 de Febrero, 2015 | Espectáculos

La mujer paraguaya en el desarrollo del cine nacional

Una mirada a tres artistas nacionales y sus aportes para el desarrollo del audiovisual paraguayo.

Las directoras Aramí Ullón, Paz Encina, y Tana Schémbori.

Por Emmanuel Báez

En la última edición de la entrega de los premios de la Academia de Cine y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos, la actriz Patricia Arquette, ganadora de la estatuilla por su trabajo en la película Boyhood, aprovechó el momento para entregar un discurso donde llamó la atención sobre la necesidad de igualdad salarial de una vez por todas.

En el discurso se refería a las mujeres en general de todos lados y de toda clase de profesiones, aunque es sabido que la industria de cine de dicho país también tiene serios problemas por cómo trata a las mujeres artistas, tanto actrices como aquellas que trabajan detrás de cámaras en distintas posiciones.

Solo en el último año se generaron más debates que nunca con respecto al trabajo de las mujeres detrás de cámaras, en especial con el crecimiento del cine comercial de superhéroes y la aparición de más proyectos cinematográficos independientes liderados por mujeres poco conocidas.

Es un hecho notable teniendo en cuenta que estamos hablando de una industria de cine que tiene una historia de más de cien años, y una Academia de Cine que por primera vez en su historia tiene a una mujer afroamericana como presidenta.

A pesar de que la comparación no tiene cabida con la historia del cine del Paraguay, hago las respectivas menciones para resaltar el hecho de que, aunque nuestro desarrollo es aún incipiente, contamos con buenas voces que están llevando para adelante un arte con una diversidad evidente.

Sin entrar en detalles sobre la calidad de los materiales audiovisuales producidos en el país en los últimos cinco años, es fácil encontrar un número no muy desigual con respecto a mujeres trabajando en áreas creativas relevantes, ya sea en la producción de trabajos publicitarios como aquellos que vuelcan su contenido hacia la ficción.

La Organización de Profesionales del Audiovisual Paraguayo cuenta entre sus registros un total de 107 mujeres trabajadoras en el arte, de entre las cuales unas cuarenta aproximadamente se desempeñan en el área de guion, producción, y dirección.

No es para nada un número bajo teniendo en cuenta el estado del audiovisual en el Paraguay, un arte que sigue en constante lucha contra la indiferencia y otros problemas que tienen que ver con la falta de apoyo por parte del Estado a la cultura cinematográfica, algo que ya es casi parte del pasado solo en países vecinos.

El país cuenta con representantes femeninos que ya cosecharon numerosos éxitos y van en camino a seguir llevando la bandera paraguaya a los distintos lugares del mundo donde se exponen obras de todos lados.

Tal es el caso de las realizadoras Aramí Ullón, Paz Encina, y Tana Schémbori, tres de las más reconocidas en el ámbito, tanto nacional como internacionalmente, que ofrecen miradas y sensibilidades distintas, realizando aportes innegablemente importantes para el desarrollo cultural.

Ullón sigue llevando su más reciente obra, el documental El Tiempo Nublado, a los distintos festivales internacionales que terminan alabando un proyecto personal delicado, donde cuenta su relación con su madre, que padece de varias enfermedades.

Pero su encuentro con el cine no fue algo intencional. Ella relata su entrada a este mundo como “algo que le ocurrió”, y se expresa sobre dicho encuentro como algo que fue tímido por muchos años. Es recién ahora que su inmersión en el audiovisual se establece como una relación más seria, aunque agrega que, “como toda relación, no sabemos si va a funcionar”.

Encina, por otro lado, es una realizadora que está más interesada en ayudar a que el pueblo siga adelante sin olvidar sus raíces y los eventos del pasado que están formando el futuro. Su más reciente proyecto, titulado Ejercicios de Memoria, es un largometraje que estará inspirado en los Archivos del Terror.

La obra ya lleva varios años de desarrollo, y recientemente recibió el apoyo del programa Ibermedia, lo que ayudará a que el mismo entre en producción en el corriente año. Mientras tanto, realizó tres cortometrajes inspirados también en el mismo tema, los cuales fueron proyectados a finales del año pasado.

Ella asegura que al cine “lo conoció de grande”, y rememora que podría tratarse de una vocación que nació en su infancia, aunque en ese entonces comenzó con la música. Como otros, empezó estudiando Comunicación, y de esa manera fue involucrándose en el audiovisual.

Su película Hamaca Paraguaya, que sigue a un matrimonio de ancianos esperando a su hijo durante las últimas horas de la Guerra del Chaco, se convirtió en el 2006 en la primera película paraguaya hecha en treinta años, y consiguió un éxito internacional de crítica.

Tana Schémbori, que ahora es más conocida por su rol de codirectora en la multipremiada película 7 Cajas, recuerda que sus inicios en el mundo del cine se dieron cuando era pequeña y se quedaba hasta altas horas de la noche viendo ciclos de cine de Hitchcock en un canal local.

“Eran películas que para esa época ya eran clásicas, y me encantaron, y me marcaron mucho”, asegura la artista, que junto a Juan Carlos Maneglia encabeza la productora Maneglia-Schémbori, una de las principales del medio.

Asimismo, es también codirectora de TIA, Taller Integral de Actuación, que desde el 2009 se encarga de la formación de actores para el trabajo profesional. Uniendo una pasión de infancia por el teatro con la actuación ante cámaras, su colaboración con “Juanca” se fue enriqueciendo a lo largo de los años, formándose así uno de los dúos más queridos del arte nacional.

Próximamente trabajará de nuevo con su compañero en un largometraje de ficción, que por ahora lleva el título provisional de Los Buscadores, y estará inspirado en el mito de la “plata yvyguy”.

Son tres puntos de vista diferentes, pero totalmente válidos para el crecimiento del cine paraguayo, cada una contribuyendo a su manera para que el arte sea cada vez más respetado, hasta conseguir el espacio merecido.

Las tres artistas coinciden en que, aunque hablamos de una cinematografía todavía lejana de las producciones latinoamericanas más renombrabadas, ya se tomaron pasos importantes en lo que respecta a la consideración del trabajo de la mujer en roles de vital importancia.

Schémbori, que trabaja en el sector publicitario desde hace muchos años, nota que el mismo cuenta con muchas mujeres en áreas que determinan de forma directa la calidad de los productos finales, ya sean comerciales publicitarios, o incluso en el desarrollo de ficción.

Su carrera no solamente se resume al desarrollo de 7 Cajas, donde tuvo un papel indispensable a la hora de influenciar en la maduración de los actores, debido a su experiencia en la dirección teatral, sino que también volcó su conocimiento en el desarrollo de las series de televisión La Chuchi y González vs Bonetti, entre otros proyectos.

Agradece que actualmente no encuentra problemas por tratarse de una mujer a la cabeza de producciones comerciales, aunque recuerda que no era el caso unos veinte años atrás, y considera que se debe a que estaba visto como que el hombre era el que dominaba la parte técnica del audiovisual.

Lo que le dio seguridad para seguir desempeñándose como directora es, más que nada, haber viajado a Estados Unidos a ampliar sus conocimientos en el área. “Ahí yo me di cuenta realmente cuál es el rol del director que es más la visión global y el relato de una película”, comenta al respecto.

Es así como fue encarando proyectos, aunque asegura que es muy importante hacerse respetar y conseguir que los demás crean en uno y vayan conociéndolo mientras demuestra sus habilidades.

Encina resalta el hecho de que no recuerda haber encontrado problemas durante el desarrollo de Hamaca Paraguaya por tratarse de una directora mujer, más aun siendo un país donde prácticamente no existía una película desde Cerro Corá, filme nacional estrenado en 1978.

Su nombre recorrió titulares cuando su obra llegó al prestigioso Festival de Cannes en el 2006, llevándose el premio principal de la sección “Un Certain Regard”.

Ullón admite que en el medio audiovisual puede existir lo que ella denomina “micromachismos”, y que “lidiar con ellos lleva una cierta cantidad de energía extra”. “A veces son tan sutiles, que requieren de un entrenamiento para poder detectarlos”.

Nada de eso la detuvo para poder llevar a cabo el documental El Tiempo Nublado, que desde su estreno en el Festival Visions du réel en Suiza a principios del 2014, donde se alzó con el premio a Mejor Ópera Prima, sigue recorriendo países y eventos de similar reconocimiento.

Sí lamenta, como la mayoría de los que intentan hacer que el cine en el país salga para adelante, que haya “una cierta lástima”, y “que hay que hacer mucho esfuerzo para mantenerse firme en medio de tanta mirada condescendiente”.

Asevera que, si llegó a encontrar obstáculos durante el proceso de realización de su obra documental por tratarse de una mujer directora, no le prestó atención, y siguió adelante. Al menos en Suiza, país que coprodujo el trabajo, asegura que no existió nada parecido. “Eso hace que uno encuentre más momentos de descanso”.

Encina no siente para nada que tengan una obligación por conseguir el éxito solo porque haya más hombres trabajando en el área audiovisual. Eso es igualmente machista, opina la realizadora, que a la hora de ver una película, “no sé si me interesa que el director sea hombre o mujer, me interesa el ser humano”.

Tana imagina una película paraguaya que retrate la vida de algunas mujeres históricas como Pancha Garmendia o Madame Lynch, que ella considera como una “deuda pendiente”, así como el gran valor de Las Residentas. Pensando en una artista más reciente, menciona a Soledad Barret, cuya vida es digna de una película biográfica

Sin duda alguna, hay muchas mujeres importantes que llevaron adelante al país luego de las varias guerras sufridas, y ahora que esos períodos quedaron atrás, tenemos mujeres que están interesadas en crear una nueva clase de historia que sea inspirador para el porvenir.

Vale apuntar entonces que, a pesar de que hablamos de una etapa donde el cine del Paraguay está en plena formación, hay quienes están realmente interesados en el desarrollo del mismo, dejando de lado cualquier tipo de enfrentamiento que no aporte al todo.

La cinematografía nacional se está enriqueciendo de forma lenta, pero segura, tanto con hombres como con mujeres, y es innegablemente bueno el hecho de que, una vez que se logren superar los obstáculos actuales, que tienen más que ver con apoyos financieros que otra cosa, ya llegaríamos a contar con un recurso humano que no se dejará vencer por cuestiones de género.

Mujeres como Tana Schémbori, Aramí Ullón, o Paz Encina, son solo algunas de las más reconocidas, pero no son las únicas. Hay muchas otras mujeres trabajando en el entorno y quienes tienen mucho que ver con lo que se está produciendo. Es bastante plácido imaginar un futuro donde tengamos a un Paraguay que reconozca el trabajo en el arte y respete orgullosamente el valor de sus artistas, tanto hombres como mujeres.

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