Miércoles, 23 de Mayo de 2012, 02:05 (05:05 GMT)

Editorial

El referendum y los políticos

Ganó el sí. Ganaron muchos paraguayos. Y la reivindicación se dio a través de ciudadanos hacia sus pares que viven en el extranjero.

La clase política no obstante es la más beneficiada. La apatía a la hora de participar de un acto cívico de la talla de un referéndum muestra varias caras preocupantes, especialmente porque le da más poder a los grupos dominantes.

Era la brillante oportunidad de demostrar que un contrapoder, el ciudadano, que con bases democráticas está dispuesto a hacer escuchar su voz y así alertar ante cualquier atropello que se quiera cometer.

Pero no. Además de los paraguayos residentes en el exterior, también ganaron nuevamente ciertos sectores políticos, esa casta que se resiste a perecer en el país.

Amparándose en la falta de recursos para afrontar una campaña como ésta, los partidos políticos se limitaron a dar un respaldo simbólico al “Sí”. Esto se expresó en las dificultades para llenar algunas mesas electorales y en el “arreo” típico en las elecciones que no se produjo.

Con una bajísima participación, que ronda el 12%, los líderes políticos pensarán dos veces para autorizar una onerosa votación que representa una pesada carga al erario público. Esa quizás haya sido una de las intenciones con el alto grado de apatía.

Hay una culpa tácita. Una esperanza ahogada. Y viene de parte del presidente Fernando Lugo. Los pocos objetivos logrados en sus ya tres años de mandato dan la imagen de que no importa lo que haga la ciudadanía yendo a las urnas: el cambio no se da.

No contribuyó en nada el hecho de que casi todos los actores cantasen al unísono que había que votar por el "Sí". Que nuestros compatriotas recuperasen un derecho arrebatado era necesario, también era necesario el debate.

Se daba por sentado que ganaba el sí con lo que no se generó una opción de contribución al ciudadano común. Tampoco hubo debate sobre mecanismos de control o de quienes finalmente serán beneficiados con esta enmienda.

Así no se construye democracia. El Paraguay lleva 22 largos años en la búsqueda de afianzar una identidad y aún no lo consigue.

La línea entre los que deciden y los que asientan la cabeza parece estar trazada de manera cada vez más ancha.

Los que pueden cambiar esto son los partidos políticos. Movilizando a las masas y fomentando el pensamiento crítico.

Ahora bien, ante este panorama, la pregunta es única y clara, ¿querrán?

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