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11 de Diciembre, 2010 | /opinions/list

Villa Soldati, Caacupé 2010 y la cárcel de San Miguel: Los Estados Ausentes

El martes 7 un grupo de personas sin vivienda y en condiciones de angustiante pobreza que habitan el sur de Buenos Aires, una parte de las cuales está formada por migrantes, tomó el Parque Indoamericano de Villa Soldati. Se desataron enfrentamientos con los vecinos del lugar que quisieron desalojarlos en medio de la inacción de las fuerzas de seguridad que, hasta el sábado 11 dejaron como saldo al menos 3 muertos, uno de ellos paraguayo, Bernardo Salgueiro.

El miércoles 8, en Caacupé, durante la celebración central de la fiesta de la Virgen, Claudio Giménez, obispo del lugar, en una homilía de hondo contenido social denunció el Paraguay de las familias en decadencia ( migración, separaciones, aumento de hijos naturales), la espantosa falta de empleo y la inseguridad elevada que puede hasta derrumbar gobiernos.

Ese mismo miércoles, en la cárcel de San Miguel de Santiago, una pelea entre reclusos terminó con más de 80 muertos después de que se desatara un incendio que puso al descubierto el hacinamiento y la sobrepoblación de la mayoría de los presidios de Chile.

¿Qué hilo conductor une a Villa Soldati, la homilía en Caacupé y la tragedia de la cárcel de San Miguel? En los tres casos se revela el rostro ausente de los Estados a la hora de enfrentar los problemas y dramas de la gente común en la América Latina de hoy.

Por el lado de la seguridad, basta recordar que pese a que la región representa apenas el 8,7% de la población mundial, es responsable del 27% de las muertes violentas. Cada año al menos 200 millones de latinoamericanos son víctimas de algún tipo de delito violento. (Miguel Angel Bastenier, El País de Madrid, 8 de diciembre de 2010).

Y quienes terminan en las cárceles en la región se encuentran con depósitos de seres humanos, hacinados en condiciones inhumanas. Pero además, estos Estados ausentes , aparte de no garantizar seguridad ni reinserción, tampoco enfrentan al delito con eficacia: en México el 99% de los crímenes quedan impunes, en Brasil, se resuelven apenas el 10% de los delitos.

Esa inseguridad tiene una de sus fuentes en una sociedad con ofensivas desigualdades y pobreza. Alrededor de 180 millones de latinoamericanos, al menos 1 de cada 3 vive en la pobreza. En la Provincia de Buenos Aires, como en los bañados de Asunción, en los cerros de Rio de Janeiro o de Caracas, malviven decenas de miles de familias en la informalidad, sin planes de vivienda, sin generación de empleo y marginados de la educación. Lo de Villa Soldati, aceptando la ilegalidad de la toma de un espacio público es nada más que la puesta en escena mediática de esa miseria injustificable.

En Paraguay, al menos 4 de cada 10 personas en edad de trabajar o está en desempleo o en el subempleo. Unos 800.000 trabajadores no tienen acceso a la seguridad social y al menos 56 de cada 100 personas están en la línea de pobreza.

En Bolivia, dos millones de seres humanos pasan hambre cada día.

Más allá del triunfalismo optimista vacío del discurso de algunos gobiernos o de los grandes números de superávits fiscales, inflaciones supuestamente controladas, exportaciones récords, el rostro real de este continente sigue siendo el de una sociedad con abismos sociales y Estados que se desentienden de gran parte de estas advertencias de explosiones sociales.

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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