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18 de Mayo, 2010 | Desde la calle

¿Viejo… a los 28 años?

Hoy me encargaré de hablar sobre el mito de la edad, que de seguro le habrá afectado alguna vez, como lo fue conmigo en cierta ocasión. Voy a poner mi edad como ejemplo para saber dónde estaría ubicado en eventuales profesiones del mundo, un mundo que cada vez se achica más con la globalización.

Con mis 28 años de vida (que los cumpliré el próximo 25 de mayo) para el fútbol soy un “veterano” y a punto –incluso- de “retirarme” de la profesión. Pero con esa edad, según los casados y adultos mayores, recién estoy empezando a conocer y disfrutar la vida… O sea, que soy un péndex para lo uno; viejo, para lo otro.

Notablemente, en el fútbol uno es debutante a los 15 años, pero maduro y experimentado a mi edad y a punto del retiro a los 30. A esta edad es normal que el jugador se jubile y a nadie sorprende, pero sería hasta casi insólito -y sospechoso- ver a un jubilado de la función pública a esa edad, que debe trabajar más de 25 años para logar su retiro ordinario.

Si un club conforma su equipo de fútbol con jugadores mayores de 28 años se lo calificaría como el “conjunto de ancianos, de abuelos”. Sin embargo, si las mismas personas pasaran a conformar una dirección técnica del Ministerio de Hacienda, se diría que las gestiones están en manos de novatos, niños burócratas. De seguro se dudaría del trabajo de un veintiochoañero al frente de una de las Binacionales.

Para los clientes de las trabajadoras del sexo, cuanto menos años tenga la prostituta, más cotizada está. Si ellas pasan los 28 años, ya están en la recta final. Pero si estas mujeres vieran la “luz divina” y se “convirtieran” a Dios, como monjas o sacerdotisas, serían muy nuevas en la fe y en el ministerio de la evangelización.

Para ejercer el modelaje, por más soltero que pueda ser y aunque posea el físico estándar, ya me arrinconarían porque me dirían que me estoy volviendo un "sénior".

Si viviera con mis padres, me dirían que ya soy lo suficientemente grande para irme de la casa a encontrar un lugar de independencia, pero también con esa edad no se me vería como consejero ni como fuente de sabiduría…

Me dicen que para casarme y formar una familia debería esperar hasta los 35 años tras recoger cierta madurez de las experiencias de la cotidianeidad, ya que con 28 años supuestamente conozco muy poco de lo que me rodea.

Con 15 años se puede “trabajar profesionalmente” en cualquier deporte y ganar muy buena plata, dependiendo del rendimiento, pero con esa edad no se cuenta con la capacidad de elegir a los candidatos que pugnan por un cargo público.

Con 28 años no puedo competir para ser senador de la nación ni para gobernador departamental ni pretender llegar a la presidencia ni vicepresidencia de la república, aunque sí puedo hacerlo para diputado.

Si tuviera 40 años y me volviera un abuelo, sería un abuelo muy joven, pero si engendrase un hijo a esa edad, sería ya viejo para hacerlo.

En conclusión, juntando dos frases populares contradictorias: “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”, y “la juventud se lleva en el alma”… ¿se puede imponer límites de edad para algunas profesiones?

¿El eufemismo de “lo importante es cómo te sientes y no cuántos años tienes” es pura palabrería, mentira piadosa o es una realidad más allá del aliento interior de saber vivir con el paso del tiempo?

Diego Martínez

Periodista. Cronista de Canal 13 y radio Cardinal

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