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26 de Junio, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

Uruguay, sufriendo pero en cuartos

El guapo equipo charrúa ya se instaló en cuartos de final de la Copa del Mundo. Pasaron cuarenta años hasta que la celeste volvió a la conversación grande, al protagonismo, con autoridad y por derecho propio. Tras raspar el fondo de la olla en las eliminatorias, pasar por el repechaje para calificar para Sudáfrica, hoy es el primer sudamericano que está entre los ocho mejores, y con perspectiva de seguir subiendo.

Sin embargo, no debió sufrir tanto ante los coreanos, quienes se despidieron con altura, con hidalguía, y con fútbol pagando caro algunas distracciones y hasta cierta ingenuidad, que fueron aprovechadas por los uruguayos, quienes apelaron a la garra, a la picardía rioplatense y a las genialidades de Luis Suárez para ganar apretadamente y generar una euforia colectiva en Uruguay.

Empezar ganado el partido, tras un susto por una pelota en el palo de Muslera, era sin dudas un inicio soñado. El gol condicionó el juego celeste. Esperó demasiado del contragolpe, defendiéndose al viejo estilo charrúa, en donde la fina línea del 1-0, imponía variantes para abrochar el resultado. Un penal no cobrado en el área coreana, tras una excelente jugada de Pereira, y algún que otro sofocón de los orientales, bajó la cortina del primer tiempo, con un crecimiento casi imperceptible de los liderados por Park Ji Sung.

En el segundo tiempo, Uruguay se achicó tanto que la posesión del balón corría en un alto porcentaje por los pies de los coreanos. La similitud con nuestro fútbol era tan patética, defendiendo al filo de la navaja una diferencia mínima, perdiendo el balón, la iniciativa, en donde solo sobraba la garra, que generosamente exponía Lugano y compañía, mientras que el rival seguía creciendo con fútbol, ideas y llegadas.

El empate era cuestión de tiempo, y llegó tras un cabezazo de Lee Chung Yong, tras una serie de errores defensivos en el área uruguaya. Fue un cachetazo que despertó a los orientales, incluido Tabarez, quien tras el empate mandó a la cancha a Lodeiro, retenido increíblemente en el banco cuando era imprescindible su presencia para darle algo diferente a su equipo. Y de la sociedad “holandesa” rindió sus frutos. Una pelota ganada por Lodeiro le permitió a Suarez convertir un gol de otro planeta. Era la explosión, era el desgarro emocional que gozaba todo Uruguay, que ni siquiera fue opacada por la mano a mano de Lee Chung Yong con Muslera, que terminó por despejar Lugano.

Uruguay ya está en cuartos y va por más. Tiene que entender que solamente la garra no le llevará al título, también debe acordarse de jugar fútbol, y está visto que tiene con qué.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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