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13 de Septiembre, 2011 | Caminito al costado del mundo

Triste por la muerte de Montanaro

Lamenté mucho que haya muerto Sabino Augusto Montanaro. Escuché que numerosas personas celebraban su deceso, al tiempo que lanzaban todo tipo de improperios contra el ex Ministro del Interior de la sangrienta dictadura stronista. Particularmente me cuesta ponerme en la posición de los mismos. Comprendo el sufrimiento que tuvieron que soportar, por eso, entiendo el beneplácito con el que recibían esta noticia.

Lo que pasa es que la historia de nuestro país, está terriblemente mal estructurada. Ésta, cuenta que Montanaro fue el baluarte del esquema de muerte, tortura y desaparición de los compatriotas que pensaban diferente. Gracias a esta organización, bautizada con sangre, este régimen se sostuvo por tanto tiempo. Sin los 23 años de Sabino Augusto Montanaro al frente de la Cartera del Interior, es impensable entender que la dictadura haya llegado más de tres décadas de vigencia.

Me entristecía recordar que bajo su responsabilidad estuvo la temible Policía Nacional. Aquella que no descansaba hasta capturar “subversivos” para devolver cadáveres. Si les apetecía ese “favor”, ya que en incontables ocasiones ni siquiera se tomaban el trabajo de entregar los cuerpos. Directamente los hacían desaparecer, cobardemente. Los mismos agentes policiales de Montanaro eran los que disfrutaban del mísero espectáculo de ver como se degradaba hasta la mínima expresión la vida de los prisioneros políticos, sometiéndolos a todo tipo de vejámenes y torturas inhumanas. Bajo la atenta mirada de las autoridades de turno que se vanagloriaban de mantener así el famoso eufemismo dictatorial, “Paz y progreso”.

El ex hombre fuerte de Alfredo Stroessner tuvo la “valentía” de abandonar el país días después de la caída del régimen en 1989. Seguramente gracias a las buenas gestiones de quienes no olvidaron los favores recibidos y que miraron a otro lado para que Montanaro pase un exilio dorado en Honduras en donde tuvo la “bendición” de convertirse en pastor evangélico y predicar la palabra del Señor. Atrás quedó su vida política en el Paraguay, olvidando su abolengo colorado, a pesar que la ANR jamás hizo nada para sancionar ni desacreditar a todos estos, que llenaron de oro sus bolsillos y de muerte al país, en nombre de esta organización partidaria.

Su vuelta en 2009 no pasó desapercibida, a pesar de la complicidad de quienes lo quisieron camuflar para que no sienta el desprecio de la sociedad y para que escape – como lo hizo – de la Justicia de nuestro país. Que el juez Andrés Casati le haya ordenado unas horas de prisión, violando las leyes y el sentido común, por el crimen de Mario Schaerer Prono tampoco sirvió para mucho. Únicamente para demostrar un gesto cuasi populista para unos pocos, que pedían justicia de verdad.

Me entristeció muchísimo que haya fallecido Sabino Augusto Montanaro porque quedó impune. Otro más de la lista. Con su muerte se enterró una chance más de eliminar la desgraciada impunidad que nos corroe en Paraguay. Asimismo se sepultó una brillante opción para reforzar nuestro aprendizaje. La historia mal contada no conmueve a quienes tuvimos la suerte de ser niños o no vivir directamente este régimen de sangre que marcó la historia del país durante tantos años. Sus protagonistas, terroríficos, oscuros, salvajes, miserables, pasaron impunemente, sin ser señalados por la sociedad como corresponde, como se merecen.

El tiempo que puede ser un buen aliado, cura las heridas. En este caso, las mismas no cicatrizarán como corresponde, ayudando a fortalecer nuestra memoria. El paso de los años borrará indefectiblemente del pensamiento a quienes mataron y saquearon asquerosamente al país, hiriéndolo de muerte. Montanaro y Stroessner, dos de los protagonistas esenciales de esta era nefasta en la República murieron sin que hayamos hecho nada, absolutamente nada, para que la Justicia triunfe en el Paraguay.

Esta situación me pone triste pensando en que las secuelas que no solo seguirán afectando a los que ahora tenemos la obligación de construir un país mejor. Sino que el legado de inoperancia y temor será trasladado a nuestros hijos, y a los hijos de estos. Siempre y cuando no hagamos el trabajo de poner las cosas en su lugar. Con la muerte impune de Montanaro, perdimos una ocasión inmejorable. Sería bueno que al menos tomemos conciencia de esta situación para que no vuelva a suceder nunca más.

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