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04 de Febrero, 2011 | Indicador económico y financiero

The lords of the rings

La trilogía del Señor de los Anillos, escrita por J R R Tolkien es una aventura épica, en un principio era un solo volumen en donde se narran las aventuras de un Hobbit, Frodo quien debe llevar un anillo a lo largo de la Tierra Media al lugar donde será destruido para salvarla de los efectos maléficos que pueden tener varios anillos similares juntos.

Como a los editores no se les hacía muy buena ida sacar un libro de bolsillo de más de mil páginas, decidieron que la obra sería publicada en tres tomos, su primera edición fue en 1954 y ha habido muchas reediciones y reimpresiones de la obra.

La primera parte se intitula “La comunidad del anillo”, el segundo “Las dos torres” y cierra con “El retorno del rey”.

Como vivimos en una época de grandes recursos visuales a donde a muchos flojonazos les da flojera leer, a Peter Jackson se le ocurrió en 2001 la idea de filmar la saga y respetando los títulos entregó sus tres películas, aunque al igual que el autor en papel; el filme se hizo de corrido y luego se dividió.

Pero hay algo interesante que se aprende leyendo o viendo las películas y es el efecto que los que han poseído los anillos o el último anillo han sufrido.

Algunos sentían unas ansias de poder y ambición desmedida y otros como Golum, o Smeagol , su nombre de Hobbit, el cual perdió al ir deformándose debido a los efectos que el anillo produjo en él, simplemente vivieron para idolatrarlo.

Todos recuerdan las dos palabras que Golum repetía cual mantra de monje budista.

“Precius, my precius” y ahí andaba entre cuevas y riachuelos mirando el anillo, y adorándolo, hasta que Frodo se lo quita para cumplir su destino y salvar a la Tierra Media.

Viendo a Golum me pongo a pensar en la clase política y en cómo cada uno de sus miembros de alguna manera toma su anillo y se convierte en un Señor de los anillos, no importa si es desde una secretaría o un ministerio, en el Legislativo o en el Poder Judicial, todos y cada uno de ellos encuentran su “precius” y no lo sueltan, pareciendo incluso que lo van a defender con la vida misma.

Al tomar el anillo en sus manos, es decir cuando prueban las mieles del poder y el presupuesto público; comienza la transformación para perder su nombre y rasgos humanos y convertirse en un Golum cualquiera.

Y no importa que gracias a los impuestos de todos nosotros, ellos vivan con grandes prestaciones y se conviertan en una clase cuasi histórica, el proceso de degradación otros lo ven y ellos no.

Muchos de ellos hacen de la corrupción su bandera principal y si no hay un dinero de por medio no puede haber permisos para abrir industrias, si no hay una colocación de sus amigos, compadres o familiares en un cargo público no apoyan una iniciativa de ley.

O bien si no se dan las condiciones para perpetuarse en el puesto, igual que Golum, con la posesión del anillo, no viven felices.

Pero todos estos Lords of the rings le hacen un daño grave al país, le restan competitividad, lo desprestigian a nivel internacional y por ende, muchas inversiones que podrían llegar al territorio nacional y contribuir al desarrollo de la nación, simplemente buscan países en donde halla mayores garantías, sin ese impuesto simpático que no llega a las arcas públicas y se va la cueva de Golum para que él lo siga adorando como su preciosidad.

Y mientras esos señores transformados en bestias informes se pasean en camionetas de lujo, con varios escoltas; mientras construyen casas gigantescas que por dentro no dejan de ser las cuevas en donde la esclavitud a los que los ha sometido el anillo impera, el país se sume en el atraso y la falta de oportunidades.


Miguel Torres Velázquez

Twitter @tovemi

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