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21 de Enero, 2012 | Desde mi biblioteca

Testigo falso: La impunidad del dinero

La impunidad es hija privilegiada del poder-sea económico, político, social o religioso-, cuando se expresa en sus dimensiones arbitrarias dejando a las leyes como papel mojado. Testigo Falso, obra de teatro de Mario Halley Mora, estrenada en 1965 por la compañía Báez-Reisofer-Gómez, refleja con tremenda crudeza actual todo el tejido de presiones familiares, políticas y económicas para alterar la declaración del único testigo de un crimen.

Mario Halley Mora falleció  el 28 de enero del 2003 en Asunción. Había nacido el 25 de setiembre de 1926 en Coronel Oviedo. Fue uno de los más prolíficos autores teatrales. Allí están entre otras Un rostro para Ana, Magdalena Servín, El impala, La madama entre otras. Entre sus novelas de destacan Los hombres de Celina y Cita en el San Roque. Su literatura se ubica dentro del realismo social crítico, con una mirada descarnada a la sociedad urbana y sus dobleces.

A  nueve años de su muerte, queremos detenernos en Testigo Falso,  feroz radiografía de la justicia, la verdad y el derecho, sometidos al dinero y lo que éste es capaz de comprar. Una frase de esta pieza teatral, puesta en boca de un sacerdote de una barriada pobre asqueado ante la inminente injusticia que se viene-la compra de un testigo para que altere su declaración y así salvar al hijo de una poderosa familia acusado de asesinato-resume el sentido de la trama: “Cuando la justicia renguea, renguea todo. No puede existir una ley para un criminal que puede pagarse buenos abogados o sobornar a un testigo, y otra ley distinta para el criminal sin recursos ni influencias”. ¿No es lo mismo en el 2012 que cuándo se escribió Testigo Falso en 1965? Por eso el tango Cambalache,  de Enrique Santos Discépolo, compuesto en la década del treinta del siglo pasado, sigue tan vigente cuando dice que “hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor…”

El eje de Testigo falso es el asesinato cometido por el hijo de un hombre acaudalado. La víctima fue un joven de clase baja. El incidente es lo que menos importa sino el entramado de presiones sobre el juez que va a atender la causa. Esas presiones vienen desde su esposa, que defiende sus propias relaciones de clase hasta de un sacerdote de confianza de la familia que no hace sino bendecir los privilegios de la oligarquía pueblerina de aquella Asunción de los sesenta. Como el juez viene de una clase baja y su ascenso se debe en gran medida al casamiento, aparece como muy vulnerable a esa arremetida del entorno de su mujer. Hasta su matrimonio tambalea.

Excepcional foto de una sociedad prostituida y de un Poder Judicial sometido a los poderes de turno, Testigo Falso es también la desesperada resistencia de una minoría de figuras frente a la impunidad.

El  mismo Halley Mora fue espejo de esas contradicciones. Con el tiempo se volvió  parte del aparato de censura del régimen stronista y uno de sus voceros más recalcitrantes a través de los editoriales del diario Patria. Pero más allá de estas circunstancias, su literatura nos dejó inmejorables páginas que testimonian  las injusticia de todos los días, las del poder, en cualquiera de sus formas.

 

Carlos Martini

Sociólogo y periodista.

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