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30 de Agosto, 2011 | Caminito al costado del mundo

Somos parte del problema

Decimos que queremos construir un país en serio. Sabemos cuáles son las soluciones que tenemos que aplicar para empezar a enderezar nuestro rumbo, pero todo queda en la retórica, en el divague, en las palabras elegantes. Nada pasa a la práctica. Lo peor es que tomamos estas afirmaciones como una plataforma política para demostrar nuestra capacidad, y no pensamos en diseñar coherentemente ninguna alternativa de trabajo válida. Una cuestión de posicionamiento en donde decimos a la gente lo que quiere escuchar.

No es casualidad ni un descuido gramatical que haya usado la primera persona del plural en el párrafo precedente. El objetivo es englobar a los ciudadanos como parte del problema, por lo tanto parte de la solución. Fácil sería responsabilizar enteramente a la élite política. Es cierto, ellos son los que buscan eternizarse en el poder para fortalecer sus intereses y los de las mafias que los apoyan. Tampoco es despreciable resaltar que las personas, optando por uno u otro sector partidario, avalamos esta puesta en escena, en donde la carencia de contenido es el denominador común. En este contexto, debemos resaltar que los paraguayos tenemos mayor grado de culpabilidad.

Hablemos del factor social más relevante de nuestro país en los últimos tiempos, la inseguridad. Carlos Filizzola asumió como nuevo Ministro del Interior. Inmediatamente se habló de una intención de posicionarlo mirando las elecciones presidenciales del 2013. Lo propio sucede con Rafael Filizzola, ex secretario de la misma cartera. Él habla de su candidatura, y sus méritos se cuentan en la lucha contra la inseguridad. El Vicepresidente Federico Franco, otro postulado para la silla de López pergeñó algunas teorías hablando contra la inseguridad, al referirse al nombramiento del nuevo encargado de la Cartera del Interior. En el mismo sentido estuvo hablando Horacio Cartes, uno de los aspirantes del Partido Colorado para las próximas generales. Resaltó la necesidad de fortalecer la sensación de seguridad. Lino Oviedo siempre repite esta misma cantinela. Otros referentes asiduamente hacen mención al mismo punto, disminuir la inseguridad.

Las soluciones que plantean los diversos actores políticos, candidateados a suceder a Lugo como Primer Mandatario son múltiples. Desde incrementar el equipamiento policial, hasta endurecer penas para criminales. Desde la formación educativa, hasta la creación de empleos. Desde la disminución de la pobreza, hasta la participación de la ciudadanía en la prevención de delitos. Se planteó un amplio abanico de opciones, coincidiendo en un aspecto, la inseguridad es un problema estructural que requiere de un gran compromiso de diversos sectores de la sociedad.

Sin entrar a calificar las medidas, porque este no es el objetivo en estas líneas, lo que nos preguntamos es lo siguiente, ¿Cuándo será que van a pasar del discurso vacío a la acción? Estos sectores mencionados tienen representación parlamentaria. Si decimos que queremos lo mejor para el país, ¿Ese deseo debe estar subordinado a que tengamos la lapicera en la mano como un único requisito? Guiándonos por la experiencia, podemos afirmar que sí, que únicamente nos endulzan los oídos con palabras que suenan agradables, aunque en la práctica sus intenciones son otras.

Nuestro grado de culpa como habitantes de un país que llora por la inseguridad galopante no pasa exclusivamente por legitimar estas mentiras electoralistas. Sino porque jamás pensamos seriamente en reclamar que escuchen nuestras necesidades. En ponernos firmes exigiendo soluciones reales con un consenso amplio y sin teñir de colores partidarios estas gestiones. Peor aún creemos ciegamente en estos discursos y solamente nos indignamos cuando el que ocupa el poder de turno no nos acerca unas migajas que caen de su mesa. Algún carguito para mi sobrino, hijo o para ayudar a la familia, eso nomás queremos. Eliminar las carencias sociales, sinceramente no nos importa.

Finalmente tenemos la excusa perfecta para sublimar nuestra decepción; decimos que todos los políticos son iguales. Siempre y cuando no compartieron con nosotros parte de ese maldito poder que en Paraguay se ejerce mediante prebendas y no con acciones en beneficio de la gente.

Si realmente pensamos en hacer algo en serio, debemos comenzar por realizar una autocrítica intensa. Podría ser un buen comienzo para encaminar nuestras acciones.

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