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03 de Agosto, 2010 | Desde la calle

Semáforos, una parada antiturismo

Adelfried y su pareja vinieron de Alemania para pasar unos días en Paraguay. Con un amigo argentino, radicado en este país, en un improvisado paseo en auto por las avenidas de la capital, fueron asaltados a plena luz del día, en un semáforo, al momento de ponerse en rojo.

Los asaltantes resultaron ser dos menores de edad, a los que se los conoce despectivamente como “pirañitas”. Los pequeños de la calle aprovecharon que los vehículos pararon y se acercaron simulando ser limpiadores de parabrisas. Mientras uno trabajaba, despertando la ternura y pena de los europeos, el otro se abalanzó en una de las ventanas que fue abierta para recibir unas moneditas por el servicio no pedido. En ese momento, el que cobraba la platita, sacó un puñal y amenazó a los turistas, y recibió apoyo “logístico” del otro “trabajador”. Los tres extranjeros fueron despojados en menos de un minuto de una cartera femenina, tres celulares y dos billeteras con documentos, tarjetas de crédito y dinero en efectivo.

Asombrada la pareja de alemanes, luego del asalto fueron a la policía, e inmediatamente gestionaron sus papeles para retornar a su país. Mientras tanto, por el miedo, ni desean poner un pie fuera del hotel donde se encuentran hospedados.

Para el argentino, solo fue una desagradable experiencia más, porque no era la primera vez que lo asaltaban, y en plena avenida, pero no huirá de Paraguay, porque aquí tiene a su familia y trabajo.

Para los alemanes, es la última vez que vienen a Paraguay. Se perdió la oportunidad no solo que dejen plata por el turismo que pretendían hacer, sino que –como empresarios- inviertan en Asunción con el fomento de la economía.

Lamentablemente, los lugares donde están los semáforos son pequeños sitios para realizar alguna improvisada tarea laboral por vendedores informales de frutas y verduras, juegos de azar, útiles escolares y accesorios hogareños, donde se han convertido en vías de limosneros en silla de ruedas, muletas y con otras discapacidades físicas y donde la mayoría de los “limpiavidrios” tienen antecedentes penales.

La situación de riesgo para los niños es tremendamente peligrosa, se exponen accidentes de tránsito, a la drogadicción, a la prostitución, a entrar al mundo delincuencial, y como son menores, por ley no pueden ir a la cárcel, y ante la falta de un programa efectivo que les plantee un cambio de vida favorable, reinciden en los delitos callejeros.

Por un lado, como no dan frutos los trabajos de la Secretaría de la Niñez, los pequeños de la calle suman y empeoran, y esta situación dibuja un país inseguro para los visitantes que llegan para gastarse en turismo. Y, por otro lado, ante esta realidad la imagen que se vende en el extranjero es desalentadora para promocionar viajes terrestres y hospedajes en los hoteles.

Diego Martínez
Reportero de Canal 13 y radio Cardinal

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