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24 de Julio, 2010 | /opinions/list

Se va Uribe. Viene Santos. Se queda Chávez

¿Se producirá una escalada en la tensión entre Colombia y Venezuela o la asunción del nuevo presidente colombiano, Juan Manuel Santos, el 7 de agosto, abrirá un nuevo escenario?. Esta es la pregunta principal que recorre la región en estos días después de la nueva disputa entre Hugo Chávez y Álvaro Uribe.

Como se sabe, el detonante en esta ocasión fue la denuncia formulada por Bogotá el jueves 22 ante el Consejo Permanente de la OEA, en Washington, afirmando que en territorio venezolano se encuentran 87 campamentos de guerrilleros colombianos y que el número de insurgentes en dichos campamentos serían de 1.500. Caracas rompió inmediatamente las relaciones diplomáticas.

Es una historia de desencuentros repetidos. Recordemos sólo dos antecedentes. En diciembre del 2004 fue detenido en Venezuela Rodrigo Granda, canciller de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) mediante un operativo del gobierno colombiano. En julio del 2009, Venezuela decidió congelar las relaciones con Colombia a raíz de que Álvaro Uribe autorizó a los EE.UU. operar en siete bases militares colombianas. Chávez consideró esta decisión como amenazante, dado su conflictivo vínculo con Washington, aunque debe subrayarse que Venezuela jamás dejó de suministrarle petróleo a EE.UU. Los negocios van por cuerdas separadas de la retórica revolucionaria.

Uribe y Chávez representan dos extremos políticos. El colombiano es el principal aliado de EE.UU. en América del Sur. El venezolano, autodenominado marxista, no deja de tender puentes con Irán y mantiene relaciones privilegiadas con Cuba. Es decir, son vecinos con miradas ideológicas muy distintas. Las personalidades duras y proclives a la confrontación también han aportado lo suyo para enrarecer cada tanto el clima entre ambos.

Sin embargo, el sábado 24, menos de 48 horas después del corte de relaciones, el propio Hugo Chávez le decía a la guerrilla colombiana poco menos que debía abandonar las armas. Les señaló que no hay condiciones en Colombia para la toma del poder por la vía armada y que le están dando excusas a EE.UU. para intervenir en la región. En pocas palabras, el mensaje era que le están generando problemas. Este fue un Chávez moderado.

Lo mismo pudo notarse del lado colombiano. El vicepresidente electo, Angelino Garzón afirmó el viernes 23 que el gobierno de Santos “hará todo lo posible para buscar todos  los mecanismos diplomáticos para mejorar y fortalecer las relaciones con todos los países de la región, incluyendo Venezuela”.

El camino será lento, dijo Alfredo Rangel, analista colombiano. Álvaro Jiménez, también analista colombiano dijo que Uribe deja un conflicto difícil con riesgos latentes de escalada y sin clima favorable a la distensión.

En lo que todos están de acuerdo es que Uribe, a apenas 15 días de dejar el poder, al instalar una nueva crisis que sabe la tendrá que administrar su sucesor, quiso marcar con una huella de dureza su gestión, como diciendo: aquí está mi herencia, guerra sin cuartel a las guerrillas, aunque signifique una nueva tormenta con el vecino.

En síntesis, una confrontación armada es altamente improbable aunque los roces permanezcan. Habrá que esperar las gestiones del titular de UNASUR, Néstor Kirchner y del presidente brasileño Lula Da Silva en los próximos días y los primeros pasos de Juan Manuel Santos al asumir, además de los gestos de Hugo Chávez.

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente.

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