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17 de Febrero, 2012 | La Opinión de Mariano Nin

Relatos desde el horror

“Degollaban a los niños y los colgaban como chanchitos para que Stroessner se bañe con su sangre aún caliente”. “El General pagaba bien por los pequeños…corrían los años 70”.

No son palabras de un libro de terror. Podrían ser expresiones fantasiosas para muchos, impresionantes para otros, y por lo menos sorprendentes para la gran mayoría…pero alguien las dijo, y las dio como reales.

Las polémicas declaraciones son de un expolicía. Se llama Elvio Acosta, un hombre que trabajó como chofer del General Britez Borges, y ocasionalmente de Alfredo Stroessner.

¿Qué lo llevó a romper el pacto de silencio? Quizás nunca lo sepamos… La redención muchas veces obliga al hombre.

Sin interrumpir su relato cuenta que retiró equipos especiales para la “carnicería de niños”, como él mismo la llamó. Los preferían gorditos, pero en realidad secuestraban a los pequeños que podían, en la mayoría de los casos del interior del país, chicos de familias de escasos recursos.

Según el hombre, este macabro ritual se hacía en la isla de Yacyretá bajo la supervisión de un médico del cual no recuerda su nombre, pero que había convencido al dictador que era la mejor cura contra la lepra que padecía.

“Yo lo vi varias veces”,  asegura. “Los niños eran colgados de ganchos mientras se desangraban para el baño del dictador. No eran transfusiones. Eran baños de sangre”, insiste.

Lo escuché en silencio mientras intentaba digerir el horror.  Mi instinto me mantenía entre la credulidad y el escepticismo.

Ni bien las declaraciones tomaron estado público fueron desacreditadas por muchos, pero otros recordaron que por esos años era normal el mito del mitá rerahaha (ladrón de niños) y que iba de boca en boca el temor al auto negro que recorría las calles en busca de víctimas para el dictador.

Dicen que la de Stroessneer fue una de las dictaduras más crueles de Sudamérica. Yo viví esos años y nunca vi nada de esto. Pero recuerdo que percibía el miedo. Intentábamos no jugar a la siesta y llegar a casa antes de que se ponga el sol.

Muchos se preguntarán por qué no lo denunció antes…pero, quien lo hubiese hecho? Los pocos que se atrevieron a desafiar a la dictadura fueron asesinados y sus cuerpos desaparecidos. Otros fueron obligados a callar tras las frías rejas del temor. Y pocos…muy pocos, alzaron la voz, se enfrentaron al régimen y sobrevivieron al horror con sus ideales intactos.

Hoy, muchas organizaciones desnudan atrocidades indecibles. Se descubrieron centros de torturas y fosas comunes. Miles de personas desaparecieron y otras tantas marcharon al exilio. Eso es real. Lo otro…lo dejo a su imaginación.

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