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21 de Noviembre, 2010 | /opinions/list

Ratzinger y sus príncipes: Las heridas de la pedofilia

En una de las imágenes más elocuentes de las angustias de Benedicto XVI en la oleada de denuncias por abusos sexuales a menores perpetradas por religiosos, el domingo 18 de abril de este año, en una visita a Malta, en la fresca y ventosa mañana de aquel día, con gesto adusto afirmó sin medias tintas que “dirijo una iglesia herida y pecadora”. Ese tono marcó todo el año. Es en ese contexto que se entiende la inusual convocatoria a todos los cardenales -los llamados príncipes de la Iglesia- a una cumbre en el Vaticano que, sobre el tema, se desarrolló el viernes 19.



Los cardenales no fueron una creación de Cristo. No figuran en la Biblia. Es el resultado del desarrollo de las estructuras de poder de la iglesia católica. De acuerdo a un ilustrativo informe del semanario Cristo Hoy, “ la palabra se asimiló a “cardo” es decir, punto cardinal, para designar una figura de principalidad y eminencia”. Eran consejeros del Papa. Pero no siempre fueron los encargados de elegir al Pontífice. Esto ocurre recién desde el segundo milenio. “El papa Nicolás II, en el Sínodo de Letrán de 1059, promulgó el decreto In nomine Domine (En nombre del Señor) por el cual puso la elección pontificia en manos de los cardenales”. Esta atribución sigue hasta hoy. (Cristo Hoy, semanario católico, Asunción, 18 al 24 de noviembre de 2010. No. 234, p. 18).

Por lo tanto, la reunión de los mismos en el Vaticano debe leerse a la luz de la importancia de la crisis que los sucesivos escándalos de pedofilia ponen a prueba la credibilidad de la iglesia conducida por el Vaticano.

De acuerdo al comunicado emitido después de finalizada la reunión, los cardenales piden a los obispos de todo el mundo que asuman una “responsabilidad más grande” con relación a la protección a los fieles, también se anuncio que se está preparando un conjunto de directrices a los obispos para acciones más coordinadas y se insiste en la “cooperación con las autoridades civiles…protección efectiva de niños y jóvenes… y una cuidadosa selección de futuros sacerdotes”.

Estas últimas líneas pueden leerse como una exhortación a pasar a la justicia civil de manera inmediata los casos denunciados a ser investigados para evitar cualquier intento de protección clerical a sus miembros o una suerte de silencio cómplice que a lo sumo llegue a trasladar de diócesis a los sospechosos o a los que ya se ha demostrado este tipo de conductas.

La cuestión es saber si esta postura discursiva se traducirá de ahora en adelante en lo que Benedicto XVI llamó tolerancia cero para los casos de pederastia protagonizados por sacerdotes. Pero algo se está moviendo en el Vaticano.

Sin relación con lo anterior, pero como síntoma de que esta institución de dos milenios no puede estar ajena al curso de los tiempos, el sábado 20 se filtró que en un próximo libro Benedicto XVI muestra su aceptación del uso de preservativos en ciertos casos, como por ejemplo, para evitar contagios de sida. El 23 de noviembre aparece el libro ‘Luz del mundo’, serie de entrevistas del escritor estadounidense Peter Seewald con el Pontífice en el transcurso de este año. Esta sola aceptación parcial ya es un desmarque de las posturas hasta ahora intransigentes en el tema por parte de la jerarquía católica.

En una era de comunicaciones aceleradas, de instantaneidad permanente, en que internet busca penetrar en todos los entresijos del poder y cuando las costumbres se han liberalizado a pasos agigantados, la Iglesia de Roma parece comenzar a aprender dos cosas: 1) que no puede seguir con mantos de oscuridad en aberraciones como la pedofilia y 2) que el sexo más libre hay que aceptarlo y lo mejor es emplear todo tipo de medidas preventivas frente a enfermedades como el sida.

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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