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01 de Febrero, 2012 | Caminito al costado del mundo

¿Quién controla a ellos?

Existen cuestiones que son indiscutibles si no son analizadas dentro de un contexto general. Una de ellas es la necesidad imperiosa de un mejor control de los vehículos que circulan por nuestro cada vez más saturado tránsito, principalmente en el área metropolitana de Asunción. Establecer un sistema de inspección en el que se pueda regular, tanto la efectividad del funcionamiento de los vehículos, así como la necesaria protección al medio ambiente es una cuestión totalmente impostergable.

Hasta aquí vamos bien, puesto que tanto la contaminación ambiental, como la cantidad de accidentes de tránsito son dos fenómenos en franco crecimiento en nuestra sociedad y que deberían ser mejor tratados para evitar sus nefastas consecuencias. Sin embargo, un planteamiento, como el expuesto anteriormente, repito, no puede ser analizado como un tema aislado. Necesariamente se deben ver otros factores que influyen decisivamente en la aplicación de un mecanismo de regulación de los vehículos.

En estos tiempos de redes sociales y de conocimiento global que estamos viviendo, se extendió a través del Facebook una publicación que señala lo siguiente “INSPECCION TECNICA DE VEHICULOS (ITV) Precio: Sao Pablo Rs. Reales 61,98 (G. 164.000) Buenos Aires: Pesos 84,22. (G. 82.500) Y aquí nos quieren cobrar G. 210.467 más la habilitación municipal. ¡Es un robo! ¡Unámonos contra esto!”  El contenido de esta comparación es contundente, y se erige como el primer argumento contra el arancel que se estableció para el control de los vehículos.

Agreguemos un dato fundamental que también fue señalado como un punto en contra la Inspección técnica vehicular, el estado de nuestras calles. Es innegable que la forma en la que se mantienen las rutas y calles de nuestro país es deplorable. No solamente por los conocidos baches e imperfecciones en la capa asfáltica y los tristísimos empedrados, también la señalización de las avenidas es un defecto que conspira contra el normal recorrido en las arterias de todo el país. A esta realidad se debe agregar las rutas, que carecen de una demarcación adecuada, con sus consecuencias que son perjudiciales para los vehículos y para preservar vidas humanas.

Como reacción a esta medida que entrará a regir en horas más, es lógica la indignación de la gente. Porque se exige a la ciudadanía que se ponga al día, pagando tributos elevados, so pena de multas ante el incumplimiento de esta normativa. Una amenaza más contra los ciudadanos, cuando en contrapartida, la responsabilidad del gobierno, tanto municipal como central, de mantener las calles, avenidas y rutas del país; sigue siendo una deuda pendiente y que no tiene una solución que se pueda aplicar a corto plazo.

Una de las tareas más necesarias es regular el tránsito y preservar nuestro medio ambiente. Cualquier esfuerzo en ese sentido debe contar con el respaldo de las personas. No obstante, para que estos objetivos centrales de nuestra vida comiencen a alcanzar algunas metas cualitativas, la administración estatal no puede mantenerse al margen y desentenderse del problema. Quizá el estado de las calles en nuestro país sea la prueba más contundente de la ineficiencia de los administradores de todos los colores, que legislan dando la espalda a la realidad, beneficiándose de las mieles del poder. Mientras ellos sigan así, no podrán captar el apoyo de la ciudadanía, aunque sus fines sean loables.

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