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22 de Diciembre, 2010 | Palabras más, palabras menos

Periodistas y Ciudadanos: Una pareja imperfecta

Días atrás, varios amigos me preguntaron la razón del subtítulo que lleva mi libro, recién publicado junto con Omar Rincón: Relación Medios y Estado en América Latina (“¿Porqué nos odian tanto?”) Vale aclarar que fui reacia a ello, pero el colega experto en comunicación social, es conocido por sus arriesgados títulos y editoriales. Me parecía exagerado. ¿Acaso la gente podría “odiar” -en la magnitud de la palabra-a la prensa? Entonces decidí consultar a un buen número de gente; todos ellos ajenos al área de comunicación…Y grande fue mi sorpresa.



Si bien es cierto, que no se odia al periodista en sí, la gente aborrece ciertas actitudes de algunos trabajadores de prensa.

Ante esta situación, consulté a la contraparte lo mismo: ¿Qué cosas son las que un periodista no soporta en el común de la gente? Fíjense.

El ciudadano común tiene repetidos reproches para el periodista. Los más graves fueron:

- La falta de interés en la investigación profunda. La difusión de simples rumores, sin llegar a la noticia elaborada por el proceso correspondiente.
- La pérdida de la investidura profesional. El perfil ambivalente con la supuesta seriedad periodística de por un lado, y la presencia en cualquier tipo de espectáculos, programas de bailes, chismes, etc.
- La carencia de conocimientos sobre temas y conceptos de Estado. Funciones y atribuciones de figuras e instituciones.
- La exageración de la realidad. “Espectacularizar” todo, despojándole al hecho de equilibrio y credibilidad.
- La inconsciencia. Ser capaz de arriesgar gente, procedimientos, puestos laborales, y dignidades por una supuesta primicia.
- La egolatría y el narcisismo ridículos. La búsqueda exasperada del estrellato.
- La falta de humildad para compartir conocimientos o reconocer créditos.
- La prepotencia. Desconocer los límites de la privacidad o el derecho de los demás.
- El uso del periodismo como elemento de coerción o represalias personales.

Del otro lado de la vereda, los periodistas también reclaman sus vicios al ciudadano:

- La generalización. Meter a todos-éticos, corruptos, estudiados, ignorantes, etc.- en la misma bolsa.
- Confundir la noticia con el espectáculo.
- Reclamar a periodistas profesionales por los productos “periodísticos” de la prensa amarilla, como si fueran pares.
- Pensar que todo quien informa u opina algo, es periodista.
- Creer que cualquier cosa, -quizás importante sólo para esa persona- debe ser de interés de la Prensa.
- El prejuicio. No todo periodista está siempre al asecho, ni le interesan todos los temas, o la vida privada de la gente.
- Pensar que un periodista cubre todas las áreas; sobre todo, política.
- Increpar o humillar al periodista por una actitud editorial o acciones del medio para el cuál trabaja.

Como se ve, el derecho a la defensa también aportó sorpresa. Y ante todo, equilibrio, a este análisis que intenta servir ínfimamente de “Terapia de pareja”, para un matrimonio que vive en roces e incluso guerras; pero a mi criterio, debería ser indisoluble: Prensa y Ciudadanía.

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