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15 de Junio, 2012 | Desde mi biblioteca

Marlene: El proxeneta y la soprano con ritmo de tango

La escritora argentina Florencia Bonelli ( Cordoba, 1971)está considerada hoy una de las principales exponentes de la denominada novela romántica histórica de su país. Se trata de una autora de best sellers, libros vendidos en forma masiva.

Más allá de la siempre vigente discusión de si se trata de literatura de calidad o no, me encontré recientemente con la lectura de una de sus novelas, Marlene, (Suma de letras, Buenos Aires, 2008) que cautiva, antes que por el tratamiento del lenguaje, por la trama, los personajes, el suspenso y la historia de un amor prohibido, en la Buenos Aires de hace más o menos un siglo, que transcurre tanto entre los burdeles y cabarets orilleros ,donde se imponía cada vez más el tango, como en las residencias de la aristocracia porteña.

Micaela Urtiaga Four es una reconocida y exitosa soprano que triunfa en Europa. Después de varios años decide regresar a Buenos Aires en 1914. Su pasado fue turbulento: su mamá se había suicidado y el padre, casi con  indiferencia, se había  desentendido cuando ella y su hermano Gastón eran niños. A ella la había enviado a Francia. Ahora, con más de 23 años vuelve por unos días.

Jamás podía imaginarse lo que le esperaba. Su hermano Gastón llevaba una vida disoluta y amenazado de muerte por parte de uno de los más poderosos dueños de burdeles de la zona de la Boca, Carlo Varzi, hombre también joven, un poco mayor que Micaela y que como ella carga en sus espaldas zonas tenebrosas en su pasado, que incluye una tragedia familiar que la novela ira revelando y que le costó varios años de durísima prisión.

 

Micaela se entera de esa amenaza y pese al riesgo se presenta un día al Carmesí, el local principal de Varzi, el cual cuenta allí con una orquesta de tangos.

 

Micaela y Carlo. Dos mundos antagónicos en clases sociales pero dos historias que se rozan por las heridas emocionales. Este es el marco a partir del cual el relato de Florencia Bonelli no da tregua al lector. Como si fuera poco, un asesino serial de prostitutas causa pánico entre las trabajadoras del sexo con un modus operandi particular: además de matarlas les corta la lengua, la cual jamás aparece.

 

Marlene muestra, y este no es uno de sus méritos menos importantes, la hipocresía de las clases privilegiadas, su doble moral ( varios de los señores de alta alcurnia son habitués de los garitos de Varzi), la prevalencia de la imagen externa y de las apariencias que esconden conductas terroríficas y profundos desequilibrios mentales.

 

En Marlene nos encontramos una vez más que nada es lo que parece.

 

Carlos Martini

Sociólogo y periodista 

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