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16 de Marzo, 2012 | Desde mi biblioteca

Mario Ferreiro en la casa vacía: Entrañable paisaje de nuestra vida de ayer

“Quizá por eso mi vida se sigue pareciendo a aquella alocada carrera rumbo a la nada. El vértigo cotidiano simula mi ansiedad y en el apuro de la huida no me doy tiempo para pensar en nada. Hay una casa vacía esperándome siempre al final de la calle y del día, pero yo sigo esperando que en algún momento la realidad cambie, y me sorprenda recuperando, después de tanto tiempo, a esa familia que perdí para siempre en un largo y triste verano.”

El párrafo anterior traduce con excelencia el espíritu del cuento La casa vacía, uno de los más brillantes relatos que leí en los últimos tiempos. Se trata del primer cuento que está dentro del volumen de cuentos que lleva el mismo título, La casa vacía, del colega y amigo Mario Ferreiro (Asunción, 1958). Editado por Criterio Ediciones fue presentado el jueves 15  en el salón Leopoldo Marechal de la Embajada de la República Argentina, por Adolfo Ferreiro  conocido abogado e intelectual, hermano de Mario y por consiguiente conocedor de varias de las peripecias de  este maravilloso paseo por la infancia, los sueños de ayer, los recuerdos que nunca nos dejan y la sensación de que algo importante, esencial, quedó en ese pasado que vuelve hoy de la mano maestra de Mario.

La Casa vacía es la travesía que una siesta asuncena de varias décadas atrás inicia un niño. Huye de la casa de la tía China e inmediatamente es seguido con desesperación por parte del primo Juan Carlos. “Sé que era verano, y habrá sido en pleno enero, porque hasta ahora siento el intenso calor abrasando mis pies…” Aquel niño corre hacia alguna parte-tal vez hacia cierta casa vacía-que simboliza pérdidas irrecuperables y que por eso mismo, jamás olvidadas.

 

Este es uno de esos cuentos que uno no lee sino que le leen a uno. ¿Quién de nosotros no vuelve una y otra vez a ciertas geografías de la niñez buscando vaya a saber uno que tesoros escondidos en los meandros del recuerdo?

 

Lo primero que me vino a la memoria al terminar de leer este primer relato del magistral conjunto de cuentos de Mario Ferreiro fue la película El ciudadano Kane, dirigida por Orson Wells y estrenada en 1941. Considerada por la crítica internacional como uno de los cinco mejores filmes de todos los tiempos, narra la historia de un magnate de la prensa todopoderoso que lo tuvo todo en la vida y que a punto de morir, sólo y abandonado en una mansión que también está en irreversible proceso de descomposición pronuncia una sola palabra, Rosebud. En ese instante definitivo, el que nos lleva más allá de una frontera insondable, ese hombre una vez de extraordinario poder, sólo tuvo en mente un pequeño trineo de su infancia llamado Rosebud.

 

Además de la Casa vacía, el volumen de cuentos de Mario contiene La confesión, penetrante abordaje de una mujer joven, Jessica, con un pasado de secretos que le rebela a su flamante marido la noche de bodas y desata la tragedia, cuento que muestra la soledad, la explotación de la mujer, el abandono afectivo y la necesidad de correr detrás del dinero y de hombres con poder para ingresar a  la doble moral de toda sociedad.

 

En el cuento Buenos Aires me mata nos encontramos todos con aquella capital argentina de hace unas cuatro décadas, con el Italpark incluido, que es una suerte de mirada a tantos paraguayos y paraguayas de las distintas migraciones y a nuestras fantasías de la hermosa capital porteña.

 

En este estilo donde lo relevante es la pintura cotidiana de los sentimientos, se desarrolla la temática de los distintos relatos de este brillante conjunto de cuentos. Especial mención por la profunda afectividad de Mario merecen las semblanzas  del papá de Mario, Marcelino Rodolfo Ferreiro en El Capitán Marlboro y de la incansable hermana Regina Sian en La brisa de la vida.

 

En un mundo donde todo se mide por la productividad del segundo, siempre con prisas, asediados por superficialidades y vanas frivolidades, La Casa vacía de Mario Ferreiro es una sugerente invitación a mirar con más hondura nuestros sentimientos de ayer y de siempre.

 

Quizá por esa razón, al finalizar la lectura del libro del querido Mario, puse un disco de Joan Manuel Serrat y busque el tema Barquito de papel.  A su manera, Mario y Serrat nos dicen que no es  en el desbarajuste de esta globalización de las prisas para ninguna parte, en este capitalismo desbocado que produce miseria por doquier, donde nos encontraremos con algo más de autenticidad.

 

¿Se acuerdan?

 

Barquito de papel

En qué extraño arenal

Habrán varado tu sonrisa y mi pasado,

vestidos de colegial

 

Cuando el canal era un río,

Cuando el estanque era el mar

Y navegar

Era jugar con el viento

Era una sonrisa a tiempo.

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