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14 de Mayo, 2010 | Desde la calle

Madre$ en venta…

Tiene tres hijos, de hombres distintos, que nunca reconocieron su paternidad. La calle es su puesto de trabajo; la noche y madrugada, su horario; la luz del sol, su descanso y la retoma de su principal rol… ser madre, ser mamá… y papá también.

Su única profesión es “atender, satisfacer, cobrar las escapadas y relajos” de hombres sedientos de placer, muchos de ellos casados o emparejados.

A “Marizza”, como se hace llamar en calle Palma, de Asunción, la conocí en una de mis coberturas periodísticas. De algún modo, me gané su confianza y me confesó sus pesares, sus desilusiones, sus frustraciones, y también sus utopías.

Me dijo odiar lo que hace, pero prefiere rifar su cuerpo a cada cliente interesado, por un precio que no pasa de los 100 mil guaraníes por cada “cita”, y así llevar algo de dinero a la casa, donde tres bocas esperan el pan y no conocen de paciencia, justamente por ser muy niños.

Marizza se hizo prostituta, o mejor dicho trabajadora del sexo, en España, cuando salió de Paraguay hace seis años, pensando que allá cumpliría el sueño europeo, trabajando de sirvienta para una familia tradicional.

Sin prosperar económicamente, volvió a nuestro país hace dos años y siguió en lo mismo, al no encontrar un trabajo que la sociedad denomina como “decente”.

Esta mujer tiene 30 años de edad y una clientela para toda la vida. Sus hijos, que ya van a la escuela, no saben del “empleo nocturno” de su madre, y pese a que no la tienen en sus horas de descanso, la aman, ya que, a pesar de todo, se sienten protegidos y orientados a ser hombres de bien.

Pensando en sus pequeños, que se van poniendo más perceptivos, Marizza espera salir alguna vez del infierno del ir y volver de una cama a otra, luego de haber complacido a un extraño eventual.

Por ahora, para ella es más importante abrir las piernas con un costo para ponerles el pan en la mesa a sus hijos, bajo un techo seguro, y enviarlos a la escuela y convertirlos en ciudadanos de bien.

Esta mujer me dijo que es mejor perder la dignidad, cobrando por sexo, que perder la oportunidad de cubrirle las demandas sociales de sus hijos.

Qué piensa usted…

¿Es inmoral lo que hace Marizza que tiene en su misma cuadra a otras siete mujeres en la misma  situación?

¿Está bien o está mal vender su cuerpo para alimentar y educar a sus hijos?
Diego Martínez
Periodista. Cronista de Canal 13 y radio Cardinal

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