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11 de Enero, 2011 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

Los extranjeros en nuestro fútbol

El fútbol paraguayo se prepara para iniciar una nueva temporada en la última semana de enero, el Torneo Apertura, con un movimiento sin precedentes en la última década en cuanto a jugadores contratados para el certamen se refiere; en donde el número de extranjeros es descomunal y hasta preocupante, por lo que representa para el crecimiento de las canteras de los clubes.

Argentinos, uruguayos, brasileños, colombianos y hasta un costarricense llenan las planillas de los clubes, y solamente Rubio Ñu y Tacuary no registran jugadores de otras nacionalidades; y en los grandes, el impacto ha sido realmente importante con las incorporaciones de calidad y cantidad, augurando un campeonato de alta competitividad, aunque esto termine involucrando solamente a los que pelean los puestos de arriba, mientras que de mitad de tabla para abajo, la realidad es otra, y la lucha antes que por la gloria es por no descender.

En campeonatos grandes, en donde la reserva de los jugadores locales es amplia en cantidad y calidad, la presencia de los extranjeros antes que acarrear problemas porque generalmente son atletas de élite, de primer nivel, generan grandes expectativas y enriquecen la competición, aunque también por el alto presupuesto que se maneja terminan por generar el mismo efecto que este tema está produciendo en nuestro fútbol: el taponamiento del ascenso de los canteranos, es decir los jugadores que provienen de las divisiones inferiores.

Para un fútbol que debe vivir de sus transferencias, porque es la única entrada fuerte que pueden tener, porque ni siquiera los derechos de televisión pueden llenar las necesidades, traer tantos jugadores de afuera no es una buena noticia. Es atentar contra el negocio que deben potenciar todos los clubes paraguayos, sin excepción.

Sin embargo, salvo unos pocos clubes, la política de divisiones menores es deficitaria en la mayoría y casi nula en algunos. Entonces, no es raro que suceda lo que está ocurriendo en nuestro fútbol, esa desproporción en las inversiones de los grandes, ante la promesa de los chicos, que deben recoger las migajas que caen de la mesa, al no poseer su propia política de promoción por falta de infraestructura y de presupuesto.

Si uno mira atentamente lo que se incorporó hubo más movimientos de pases de club a club, de jugadores conocidos del ambiente, que jugaban la temporada pasada en equipos que son rivales acérrimos, y por ello produjeron ruido mediático. No han llegado jugadores de grandes nombres, pero muchos clubes se nutrieron de elementos que en la mayoría de los casos deben demostrar su importancia en el rendimiento a lo largo del campeonato, y que generalmente no llegan a satisfacer porque por la poca calidad, terminan siendo más dolores de cabeza que soluciones.

No estamos en contra de las incorporaciones de extranjeros, porque el talento no tiene nacionalidad. Pero, los que llegan deben ser de primer nivel, de calidad, que dejen cosas importantes para nuestro campeonato, que marquen diferencias, por el alto costo que ocasionan a un medio pobre como el nuestro. Además, en algún momento, la Asociación Paraguaya de Fútbol, deberá introducir restricciones a la cantidad de jugadores por equipo, tanto en la planilla de los partidos, como en la misma nómina del plantel, que deberían inscribir los clubes, como ocurre en países con competiciones serias. Es simplemente para precautelar la cantera local. Los jugadores deben subir a primera, madurar y ser transferidos para garantizar la calidad de nuestros campeonatos y la salud institucional y económica de los clubes paraguayos.

La endeble estructura de los clubes en su mayoría, patrocina la presencia de los dirigentes o seudodirigentes, que con una abultada cuenta bancaria se internan en la aventura de presidir los mismos sin la seriedad ni la preparación suficientes como para llevar adelante los objetivos, fortalecerlos y conseguir los éxitos deportivos para los que se crearon las entidades deportivos además de los altruistas y casi nunca conseguidos objetivos sociales.

El campeonato promete un arranque espectacular, esperaremos para ver esas promesas cumplidas que deben traducirse en el interés que debe despertar en los aficionados con canchas llenas y acompañamiento permanente.


Por Darío Abelardo Cárdenas

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