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15 de Febrero, 2010 | La Opinión de Mariano Nin

Lo que se viene es peor…

Soy de los que ahorran, no por tacaño, sino por no desperdiciar. “Lo que hoy sobra, podría faltar mañana”, dice un refrán, y es verdad. Tengo varios ejemplos que no vienen al caso. Cuando veo que una canilla gotea, o que un caño en la calle está roto y miles de litros de agua se desperdician, pienso en esas familias que darían todo por un poco de agua. No soy indiferente a un drama del cual hemos publicado infinidad de notas.

El agua brota como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI, y se espera que en el año 2025, la demanda de este elemento tan necesario para la vida humana será un 56% superior que el suministro. Incluso hoy, se calcula que para los 6.250 millones de habitantes a los que hemos llegado se necesitaría ya un 20% más de agua.

Parece lejano, pero también lo parecía hace tiempo el intenso calor, y solo este fin de semana 18 personas perdieron la vida a causa de las altas temperaturas.

Más de 2.200 millones de habitantes de los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas a la falta de agua potable.

(De los 6.250 millones de habitantes del planeta, 1.100 millones no tienen acceso al agua potable y 2.400 millones carecen de un saneamiento adecuado).

No es una realidad lejana. Vive entre nosotros, a pocos kilómetros de la capital, incluso.

También la energía deja profundas e incurables derivaciones.

En apenas un cuarto de siglo, las necesidades energéticas se habrán duplicado y la brecha seguirá creciendo como una interminable e irracional cadena. El 75% de la población mundial consume el 25% de la energía y el 25% de los ricos consume el 75% restante, por lo que si los primeros quisiesen unirse al carro del consumo energético entonces las necesidades energéticas se multiplicarían entre 4 y 9 veces.

Las perspectivas con este escenario no son alentadoras, pero la situación se perfila así.

Una frenética carrera hacia el progreso que va agotando poco a poco los recursos.

Quizá este panorama no tenga mucha relación con los sucesos que vive nuestro país en los últimos días, más que nada por la falta de previsión y tino, que por agotamiento de recursos, pero la dimensión del problema solo nos proyecta hacia el futuro.

Tenemos dos de las represas más grandes del mundo, tenemos la reserva de agua dulce más extensa del planeta, y siendo un país pequeño sufrimos la negligencia de nuestras autoridades que solo se pasan el problema unas a otras, encerrándonos en un repetitivo círculo de mentiras y engaños.

Si tiene que ahorrar, ahorre. No porque se lo pidan. Sino porque de nuestra conciencia depende el futuro de nuestros hijos, y de los hijos de nuestros hijos.

Así nomás es.


Por Mariano Nin

Periodista. Jefe de Prensa de Canal 13

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