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28 de Octubre, 2011 | Desde mi biblioteca

Las muchedumbres solitarias del tercer milenio

“Te mando un beso. Y otro beso. Y otro beso. Y otro beso. Da igual quién seas. Siento nostalgia de intimidad…quiero besar a Emmi. Es una pena que estés casada. Creo que hubiéramos hecho buena pareja.” Este correo electrónico de Leo , desesperado en sus urgencias sexuales genitales, destinado a Emmi, una mujer a la que no conoce personalmente ni en fotos sino que solamente a través de un frenesí de intercambio virtual. El es separado. Ella está casada. El contacto se inició por un error de ella al enviar un correo que no era para Leo. Es parte de una de las mejores novelas que leí recientemente. Se llama el viento norte (Alfaguara, 2010) del austriaco Daniel Glattauer(1960). Un hombre y una mujer con marcadas fisuras afectivas que no pueden dejar de enviarse correos pero sin animarse a verse personalmente.

Recordaba en estos días esta novela, en tiempos de soledades disfrazadas de hiperactividad y sobrecarga de comunicación y conexiones vía celulares y computadoras a raíz de ciertas reflexiones que apuntan a que tiene bastante de engaño llamar a lo que vivimos la sociedad de la comunicación a secas como si todos estuviéramos más cercanos unos a otros.

En el V Congreso Nacional de Comunicación realizado en Asunción entre el 20 y el 22 de octubre, el arzobispo Claudio María Celli, presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales de la Santa Sede afirmaba “¿cómo imaginar nuestra vida sin un correo electrónico, sin un teléfono inteligente?Los celulares te ofrecen  un montón de posibilidades. El hombre tiene dos celulares y hasta tres, pero nunca estuvo tan sólo como hoy.” Agregó que una persona puede tener miles de amigos en el Facebook, “porque eso cuesta nada”, pero ningún compromiso con el hombre y la mujer reales que se encuentran a su lado.” (ABC, Asunción, domingo 23 de octubre de 2011,p.48).
 
Ese mismo domingo, en Ultima Hora, el profesor José Carlos García Fajardo, de la Universidad Complutense de Madrid, escribía que “después de treinta años de enseñanza en la universidad, cada vez me impresiona más la sensación de orfandad, de desamparo y de fragilidad que muestran los jóvenes universitarios…Y todo arranca de una sociedad de consumo, de prisas y de competitividad regida por la funesta máxima de “cuánto más, mejor” en vez de “cuánto mejor, más…La alarmante soledad de las muchedumbres solitarias conduce a la violencia, la angustia…” agrega Fajardo que “se multiplican los electrónicos y se incrementa la soledad…por supuesto, con los cascos de los mp3 conectados a sus orejas” ( Ultima Hora, Redes de encuentro y afectos, domingo 23 de octubre de 2011, p. 31)
 
Por su parte, el sociólogo polaco Zigmunt Bauman, el que mejor está analizando está modernidad líquida ( todo es fluido, nada es sólido ni permanente, todos somos descartables) establece una distinción entre “estar conectado” y “estar relacionado”. Lo primero es propio de las redes sociales o de los mensajes de texto. Estamos a un click de desaparecer de nuestro interlocutor. En cambio, en el estar relacionado, la era en que al menos llamábamos más por teléfono, al menos es más la exigencia de la voz, tanto en los saludos, las despedidas y lo que decimos. Nos compromete más, nos expone más. Lo otro es virtualidad pura.(El País, 11 de martes 11 de octubre de 2011, ¿Me llamas querido?. Informe de Karelia Vázquez).
 
Como Leo y Emmi. Como tan bien ya anticipó el sociólogo estadounidense David Riesman en 1950 en su libro La muchedumbre solitaria. En medio de gente, forzados a producir más y más, hipeestresados, sólos en medio de máquinas supuestamente para comunicarnos mejor.
 
Carlos Martini
 
Sociólogo. Periodista. Docente. 

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