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25 de Agosto, 2011 | Desde mi biblioteca

La rubia, la morena y la pelirroja: Sirenas fatales en San Bernardino

Dicen que ocurre en los atardeceres en el lago de San Bernardino. El lugar es conocido como “las tres piedras”, frente a la planta de tratamiento de agua de la Essap. Es como si en ese momento inquietante del crepúsculo cuando las sombras se alargan diciendo adiós al día, los misterios que contiene ese mítico lago se decidieran a recordarnos que estamos rodeados de más enigmas de los que creemos.

Claudia Santiviago (Asunción, 1983) en  su espléndido libro Estampas de San Bernardino (2003) que tuve el honor de presentarlo en agosto del 2003 en el hotel VillaMorra Suites nos cuenta que al caer el día, “salen tres hermosas  sirenas: una rubia, una morena y la última pelirroja, una sobre cada piedra. Fuera del agua admiran la luna y peinan sus largas cabelleras, haciéndose ver solamente a los varones, que atraídos por sus  exuberantes bellezas son atraídos por sus besos mortales, aunque la gente vea la tragedia como simples ahogamientos.” (P. 79). Recordaba este pasaje el miércoles 24 con motivo de los 130 años de San Bernardino

Es justo en este lugar, relata Claudia Santiviago, donde se han producido la mayor cantidad de ahogamientos, y en su mayoría corresponden a varones.

En la historia de los relatos humanos este papel arrebatador de las sirenas está en varias culturas. En un sentido original eran seres mitológicos del mar con cuerpo de pez y cabeza de mujer. El dejarse llevar por su canto podía ser fatal.

Es lo que nos relata Homero en La Odisea desde la antigua Grecia cuando señala que Ulises, en su retorno a su ciudad de Itaca, dónde la esperaba su fiel esposa Penélope,  después de la guerra de Troya, sabiendo que le costaría resistir sus cantos, hizo que lo ataran al mástil de su barco  e hizo tapar con cera los oídos de sus compañeros de travesía.

Sea  en el mar o los lagos, los humanos no abandonamos la íntima convicción de que  más secretos de los que quisiéramos aceptar rodean nuestra existencia.

Alicia Giménez Barlett en su novela El silencio de los claustros (Destino, 2009) escribe que “ la vida es mucho más de lo que vemos”. Tal vez esa sea la principal razón de la creación artística en sus diferentes modalidades: nuestra desesperada necesidad de encontrar otros mundos, otras vidas, otras esperanzas, otros anhelos, otras promesas de felicidad.

Si no fuera así, estaríamos atados a la aridez de la rutina cotidiana,  encerrados en el día a día.

Es el sino del ser humano, buscar más allá de nuestras fronteras conocidas, aunque no sepamos que hay más allá.

 

Carlos Martini

Sociólogo. Periodista. Docente.

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