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04 de Julio, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

La promesa está cumplida

El mundial se acabó para la selección nacional, y tras la participación, la más importante de toda su historia porque llegamos más lejos que nunca, es tiempo del análisis, de reflexión descarnada, sin ataduras a los sentimientos, que muchas veces se interpuso en medio del razonamiento objetivo que nuestra condición de analistas nos impone.

Nos queda la mezcla de sentimientos lógicos después de una derrota y eliminación: Tristeza por perder, pero orgullosos porque salimos con la frente alta después de jugar ante el superfavorito del Mundial. Esto a pesar de todo sigue siendo fútbol, un deporte con sus reglas propias, que impone virtudes y marca limitaciones. En todo partido de fútbol, hay oportunidades que se deben aprovechar. Y el que pierde es siempre el que lamenta las oportunidades desaprovechadas. Nosotros las tuvimos y las dejamos pasar.

Pero, nuestro análisis no debe pasar solamente por el último partido. Debemos hacer un balance global de la participación de la albirroja. En primera ronda, en la zona de grupos, de la virtuosa mano del “Tata” Martino, salieron los planteamientos más eficaces, porque cada partido imponía una estrategia diferente por las cualidades del rival y los momentos en que se jugaban los partidos. Empatamos con Italia, partido clave, y finalmente el último campeón del mundo se fue eliminado. Frente a los eslovacos salimos a ganar y lo hicimos con autoridad.

El juego ante los neozelandeses nos condicionaba el resultado, primero la clasificación y luego el juego de números para ser primeros del grupo y evitar a Holanda. Salimos airosos y pasamos a octavos, en donde no fue lo mismo enfrentar a los japoneses que a la naranja mecánica que hoy es semifinalista.

Superada la barrera japonesa, pasando incluso por los infartantes penales, en cuartos llegamos para enfrentar a la furia española que estaba cumpliendo ya un gran mundial. Jugamos el mejor partido y perdimos porque en el fútbol alguien debe perder. Estuvimos tan cerca de tocar el cielo con las manos, pero la fortuna les sonrió a los ibéricos. Es el fin de la historia, pero quedan flecos memorables de una gran participación.

UN GRAN TECNICO Y UN GRAN EQUIPO

Esta participación tendrá valoración con el tiempo. Todavía es temprano y las pasiones aún manejan al razonamiento. Sin embargo, estoy satisfecho por lo realizado. Porque dentro de nuestras naturales y atávicas limitaciones, llegamos a meternos entre los mejores ocho equipos del planeta. No es poca cosa. Para ello, contamos con un excepcional estratega, el Tata Martino. Y con un plantel maravilloso que fue moldeado por sus manos en cuatro años de trabajo. Para los que no comulgan con los procesos, esto es un ejemplo.

Hay mucha tinta que gastar en las conclusiones. Por ahora, es tiempo de reverenciar esta notable campaña albirroja, que prometió y cumplió. Espero que esto sea un fuerte hito sobre el que se deposite el desarrollo futuro. Hay experiencia, se traerá buen dinero y un prestigio que hay que capitalizar. Fue difícil cimentar este edificio. Ahora, hay que sacarle provecho a lo realizado, considerando que esto es simplemente el camino correcto hacia una consolidación internacional.


Por Darío Abelardo Cárdenas

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