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29 de Octubre, 2013 | Caminito al costado del mundo

La APP desnuda nuestras falencias como sociedad

La aprobación del proyecto de ley de Alianza Público Privada en el Congreso, nos invita a realizar una serie de reflexiones en todos nuestros estamentos. Desde su tratamiento, el manejo del contenido hasta la manera en la que se evidencian nuestras falencias como sociedad.

El primero, muchos sectores sindicales que se manifestaron en contra de esta iniciativa del Presidente Horacio Cartes, señalaban hasta apesadumbrados, sentirse tristes porque durante la campaña trabajaron mucho para que la ANR vuelva al poder. Estos representantes de los sindicatos fueron la base electoral para que Cartes venciera abultadamente en las pasadas elecciones generales.

Además de señalar la ingenuidad  y desconocimiento de quienes apoyaron la candidatura colorada, debemos reflexionar acerca del vaciamiento total de los partidos políticos en Paraguay. No se sabe cuál es la postura institucional de la ANR, ni del PLRA respecto a un tema fundamental para el país. No existe una línea de pensamiento marcada en estas instituciones. Las posiciones coyunturales responden al liderazgo de turno. Hoy es Cartes el principal referente de la ANR, antes lo fue Duarte Frutos, quienes en su propuesta ideológica presentan radicales diferencias.

En el PLRA la cuestión es mucho más contundente, manda el dinero y se vuelven locos tras las ofertas de algún zoquete. Esa voracidad pragmática de concebir la administración de poder, o de las migajas de la misma, llevaron al liberalismo a convertirse en lo que es, una masa amorfa, que se puede acomodar al momento para sacar alguna ventaja. Un negocio que es rentable para sus líderes, pero que para la ciudadanía no es más que la encarnación de lo peor de la política tradicional paraguaya.

El siguiente punto es esencial respecto al análisis del proyecto de Alianza Público Privada. Las instituciones en Paraguay están totalmente desacreditadas. Por su funcionamiento negligente y por sus representantes, en quienes se personifica a las organizaciones.

El caso concreto del sindicalismo paraguayo es uno de ellos. Un sector que perdió fuerza en las últimas décadas y que está impugnado para la ciudadanía, no genera empatía en la sociedad y cada acción que emprende es tomada de manera negativa por la gente. Como no se tiene una imagen positiva del gremialismo, la posición de éstos en un tema es asumido como referencia para los desinformados, que directamente optan por ponerse en la vereda del frente.

Lo mismo pasa con el Congreso de la Nación. Con el descrédito - mérito exclusivo de ellos mismos - acumulado en los últimos periodos, que en un proyecto de ley se cercenen sus facultades republicanas de control del poder, son vistas como algo positivo. Si bien los legisladores no gozan de la popularidad por su gestión, que se rompa el equilibrio de poderes es un antecedente nefasto para la democracia.

Por último, el tema más preocupante de todos: la concentración de poderes en manos de una persona. En este caso de Horacio Cartes quien administra bajo su buen parecer, las Fuerzas Armadas, el presupuesto de gastos de la nación y ahora la posibilidad de alianza con el sector privado.

Los defensores del entorno presidencial hablan de sus buenas intenciones. De que para ganar hay que arriesgarse y que Cartes sería incapaz de traicionar los ideales del Paraguay, porque está embarcado en el nuevo rumbo para combatir la pobreza. En términos más sencillos, es Horacio Cartes el garante de la correcta administración del Estado.

La república, en donde además del equilibrio, es necesaria e imprescindible una delimitación de poderes a una sola persona, no puede depender de forma exclusiva de la buena gestión alguien específicamente. Porque Cartes puede hacerlo todo bien, pero ignoramos lo que pudiera pasar cuando el todopoderoso mandatario tenga que dejar la administración estatal

Es absolutamente inconcebible que tantas lagunas tenga un proyecto de ley como el que fue aprobado en el Congreso. Es increíble escuchar a sus defensores señalar que si existe algún déficit en la redacción del mismo "vamos a solucionar nomas en el Congreso" como si el estudio de una normativa tan importante para el país mereciese tal tratamiento.

La aprobación de una ley que fue muy poco socializada, debatida y que no fue empoderada por la ciudadanía, a través de la cual vamos a beneficiarnos los paraguayos, como señalan los defensores de la misma, desnuda las graves falencias de un sistema que además de imperfecto, está administrado y controlado con serios errores. En todos los ámbitos.

Esperar beneficios o sufrimientos para analizar las posturas asumidas en el tratamiento de este proyecto, es un error gigante. De los que la historia nos demostró ya lo hemos cometido, y que parece, nunca vamos a aprender la lección.

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