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16 de Octubre, 2010 | /opinions/list

Julio Verne en el desierto de Atacama

“No hay obstáculos humanamente insuperables. Hay voluntades más o menos enérgicas. Nada más”, afirma el capitán Hatteras, personaje principal en la novela ‘Aventuras del Capitán Hateras’ (1866), una de las mejores obras del francés Julio Verne (1828-1905), considerado el fundador de la literatura de ciencia ficción.



Si el autor de obras inmortales como ‘20.000 leguas de viaje submarino’ (1869-1870) hubiera vivido habría estado emocionado en el desierto de Atacama, tomando notas de una proeza que demuestra esa creencia en la capacidad asombrosa del ser humano de vencer todos los obstáculos posibles.

Si un personaje clásico de las letras rondó la imaginación de más de uno durante el apasionante cautiverio y rescate de los 33 mineros chilenos fue Verne. En particular su monumental ‘Viaje al centro de la tierra’ (1864) contiene todos los elementos inquietantes de una de las ilusiones hasta ahora no logradas por la especie humana: adentrarse a las oscuridades de las entrañas del planeta.

Recordemos. ‘En Viaje al centro de la tierra’, un escrito  de la Edad Media, que no ha sido descifrado parece encerrar un secreto del pasado, presente y futuro de la humanidad. Ese material, que durante siglos permaneció entre las hojas de un libro, cae en manos del curioso profesor Lidenbrock. No lo duda, en compañía de su sobrino Axel y de otro personaje, Hans, inicia la aventura de desentrañar una sabiduría misteriosa que ya había sido conocida por un sabio perseguido en el Medioevo, Arne Saknusemen.  Justamente el hallazgo de un libro escrito en latín de este hombre permite acceder a ese escrito, un  criptograma (lenguaje en clave).

Y aquí se desencadena la aventura: ese documento indica que las grandes verdades están en el fondo de la tierra.

Atravesando laberintos, cursos de río, montañas, volcanes, tierras inverosímiles en ese peregrinaje al fondo de la tierra, Verne nos muestra en realidad, el deseo infinito de la condición humana de no dejarse vencer por dificultades.

En uno de los pasajes de la novela que remite directamente a la gesta chilena, el profesor Lidenbrock exclama : “los elementos conspiran contra mí! ¡Pues bien, ya se verá lo que puede mi voluntad!. ¡No cederé, no retrocederé ni un paso y veremos quién puede más, si el hombre o la naturaleza!”

¿No fue acaso esta inquebrantable vocación humana de traspasar todos los límites la que llevó a salvar a 33 personas a las que se las daba por definitivamente perdidas en aquellos angustiosos primeros 17 días que siguieron al derrumbe del 5 de agosto?

La frustración de un intenso amor adolescente hacia su prima Carolina llevó a Verne a imaginarse viajes  impensables para su época, como a la luna o al fondo de los mares. Anticipó los vuelos espaciales, la televisión o los submarinos.

Pero sobre todo, la portentosa imaginación de ese chico francés del siglo diecinueve subraya una vez más que el ser humano es capaz de soñar con imposibles y esforzarse por hacerlos realidad.

Con fracasos y triunfos, este es nuestro destino.

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente.

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