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01 de Junio, 2010 | La Opinión de Mariano Nin

Juan Pueblo está cansado

Paraguay sufrió hace poco una huelga que para Juan Pueblo paso de ser impopular a peligrosa.

La huelga de los trabajadores del transporte, en la que participaron siete federaciones sindicales, comenzaba a las 18:00 horas del miércoles 26 de mayo, luego que demandantes y funcionarios del gobierno no se pusieran de acuerdo en cuanto a los puntos en disputa.
Los huelguistas reclamaban un aumento salarial mínimo en base al 15 por ciento, la intervención del Ejecutivo a la Secretaría de Transporte del Área Metropolitana de Asunción y el cumplimiento del horario legal de las ocho horas.

Las reivindicaciones eran para muchos justas, para otros imposibles y para el común de la gente indiferentes.

Lo que dejó de ser indiferente fue la violencia con la que los manifestantes intentaban hacer valer sus derechos.

La policía reforzaba recién el viernes con 4.000 agentes los principales corredores de ómnibus y el presidente Fernando Lugo ordenaba la salida de decenas de unidades de transporte militar y policial para trasladar pasajeros.

Pero lo peor ya había pasado.

(Se estima que un millón de personas se vio afectado por la medida de fuerza)

La huelga fue injusta para las miles de personas que de cualquier manera debían llegar a sus trabajos, para los estudiantes que pusieron en peligro su vida para llegar a la escuela, el colegio o la universidad, y para los choferes que no se plegaron y los empresarios que tuvieron que pagar el pato.

Y fue peligrosa para todos. Peligrosa porque esos mismos sindicalistas que exigían respeto sembraron el terror en los colectivos que fueron atacados despiadadamente sin tener en cuenta que en ellos viajaban madres con sus hijos pequeños, ancianos y enfermos que no tuvieron oportunidad de defenderse.

La huelga del transporte público que se levantaba la tarde del viernes 28 de mayo, como pocas veces se vio en los últimos años, tuvo un alto nivel de acatamiento y un inusitado uso de la violencia.

Tras la medida de fuerza al menos 30 personas fueron imputadas por sembrar el terror en el transporte publico… para ellas el castigo debería ser ejemplar.

Juan Pueblo esta cansado. Se despierta temprano. Tiene que sudar sangre, dolor y lágrimas para conseguir el pan de cada día. Es obligado a viajar en colectivos destartalados y a soportar el maltrato malhumorado de choferes muchas veces explotados.

Y como si fuera poco, es castigado en pos del derecho de otros.

Por eso, Juan Pueblo quiere justicia. Quiere vivir en paz y alguien tiene que escuchar el susurro antes de que se haga gritos.

Pero esa… es otra historia.

Mariano Nin
Gerente de Prensa, Teledifusora Paraguaya S.A

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