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07 de Julio, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

Holanda hizo trizas los sueños celestes

Holanda es la primera selección clasificada para jugar la final de la copa del mundo de Sudáfrica, al vencer en emotivo juego al guapo equipo uruguayo, quien dejó esfumarse un sueño: el de jugar su tercera final tras los títulos obtenidos en el 30 y en el 50.

Holanda jugó en el nivel que exhibió a lo largo de las eliminatorias y redondeó una sorprendente racha invicta, incluyendo los seis partidos de esta copa del mundo. En la primera mitad, Uruguay supo ahogarlo, presionando bien arriba, y cortando el circuito de buen juego que posee la maquina naranja de mitad para arriba.

Robben tuvo que irse a jugar por la izquierda, pues por el andarivel derecho no tuvo espacio, y recién apareció en la segunda mitad en su real dimensión. Pereira y Cáceres lo arrinconaron contra la raya de cal y su productividad no alcanzó los ribetes de excelencia que exhibió en otros juegos. Entonces tuvo que aparecer el genio de Sneijder, para sacarle brillo a su talento y comandar todo el acervo creativo que es capaz de generar. Uruguay jugó brillante, a pesar del golazo de Van Bronckhorst, cuyo extraordinario disparo sorprendió a Muslera, aunque antes del final del primer tiempo, Forlán, con otro tanto para recordar, ponía justicia a un primer tiempo muy equilibrado.

La celeste pagó tributo a sus ausencias

Soportar el asedio holandés era muy difícil y a pesar de que jugó casi idéntico a la primera etapa, la maquinita naranja empezó a funcionar con mucha soltura. La garra charrúa no alcanzaba y algunos referentes empezaron a sentir el trajín. Las ausencias se hicieron notar y en menos de cinco minutos, con dos goles seguidos, Holanda sentenció el pleito. El segundo gol holandés debió ser anulado por adelantamiento indebido de Van Persie. Pero los errores arbitrales han menudeado en este mundial y era difícil que no apareciera alguno en este partido. Sin embargo, la diferencia marcada por Holanda no se podía disimular con un error arbitral. El juego de conjunto, el talento individual y la alta producción goleadora de este equipo son innegables por lo que con justicia está ubicado en trance para conseguir su primer título mundial.

El gol de Maxi Pereira le puso tensión y una carga emotiva inesperada a los minutos finales, sin embargo, el resultado estaba sellado y Holanda llegaba a la final, no sin haber tenido tal vez, al adversario más enconado de todo el mundial.

Uruguay hizo un mundial fantástico, y aunque los holandeses hicieron trizas los sueños charrúas, esta participación quedará grabada en el recuerdo de quienes vimos este torneo tan exótico como espectacular, y que todavía nos esperan los tramos de su definición. La celeste ondea alto y creo que desde donde esté, Obdulio Varela, y los autores del “Maracanazo”, estarán orgullosos de que sus herederos de la garra charrúa, lo hayan exhibido con tanta generosidad y orgullo. Sin embargo, para ser los mejores, también hay que poner un poco más de fútbol, de creatividad y de excelencia. Lo que le faltó a la Albirroja, para llegar casi tan alto como los uruguayos. Pero el grito de Uruguay nomás, que surgió de la ronca voz del maestro Tabarez, cada vez que su equipo hacia un gol, nos quedará imborrable en el recuerdo, como testimonio de que cuando se quiere, se puede.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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