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09 de Mayo, 2010 | /opinions/list

Hambre en el tercer milenio

El nivel alcanzado por las tecnologías de producción agrícola no tiene hoy precedentes con respecto a ninguna época del pasado. Sin embargo, en otra de las crueles paradojas humanas, el hambre avanza sin cesar. Más de 1.000 millones de personas lo sufren. En otras palabras, en pleno tercer milenio, 1 de cada 6 habitantes del planeta está en la pura marginalidad.

Jacques Diouf, director general de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura) afirmaba el 29 de abril en Panamá, con motivo de la inauguración de la 31 Conferencia de dicha organización para América Latina y el Caribe, que el número de hambrientos creció en 105 millones entre el 2008 y el 2009.  La mayor proporción de hambrientos está en África donde 1 de cada 4 habitantes está condenado por este flagelo.

La cuestión es la razón de tamaño descalabro en el mundo.  De acuerdo a Diouf, los motivos de este escenario de millones de famélicos son fundamentalmente tres: 1) disminución de las inversiones en el sector agrícola, 2) encarecimiento de los alimentos y 3) crisis económica.

El primer aspecto es clave. Mientras que en 1989 la inversión en la agricultura llegaba al 19% en relación a la economía mundial, en el 2009 fue de 6%. Si a esto se suma en los últimos tres años la peor crisis económica internacional desde los años treinta con su secuela de desempleo y caída de ingresos el panorama se volvió especialmente crítico en estos comienzos del tercer milenio. (Ultima Hora, Asunción, 30 de abril de 2010).

Es la geografía del subdesarrollo la más afectada. En los países de la periferia las familias gastan en comida nada menos que el 50% de sus ingresos frente al 20% de los países desarrollados. En el caso de América Latina el problema principal está no en la escasez sino en el acceso, dada la gran desigualdad de ingresos y pobreza en vastos sectores. El caso de Haití es particularmente crítico. Antes incluso del terremoto del 12 de enero, nada menos que el 58% de su población ya pasaba hambre.

El hambre no tiene la espectacularidad mediática de un terremoto, un atentado terrorista o una guerra. Es por ese motivo, que en la era de la información instantánea y ante todo audiovisual en tiempo real vía internet, las redes sociales y la televisión, el hambre, salvo cuando algunas imágenes de niños africanos con los huesos a flor de piel salen en las pantallas, no está en la agenda real.  Sin show no hay solidaridad ni medidas efectivas. Lo que no se ve no existe.

Carlos Martini
Sociólogo. Periodista. Docente.

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