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31 de Diciembre, 2010 | El Análisis de Dario Abelardo Cárdenas

Fin de año, tiempo de balance

El fin de un año presupone una mirada atrás, para buscar las cosas positivas de las que se puede vanagloriar y las negativas, de las cuales es de sabios concebir una lección. El 2010 tuvo de todo en fútbol, que lógicamente debe ubicarnos para una correcta retrospectiva, en los niveles correctos, porque no será nunca equitativo comparar los cosechado a nivel internacional y lo estrictamente doméstico.

En un año donde se juegue el mundial, el evento es determinante para una evaluación y depende de los objetivos logrados. Sin dudas, la participación histórica de la selección nacional en el mundial sudafricano es el punto más alto para nuestro balompié. Logramos superar los octavos, para meternos en los ansiados cuartos de final, y a un tris de ser semifinalistas, perdiendo la clasificación ante España, que finalmente sería el magnífico campeón. No solamente jugamos el preciado quinto partido, sino que dentro de nuestras especiales características, lo hicimos bien, terminando primero en la serie inicial, eliminando al último campeón, Italia, que no pasó de la primera ronda cuando llegaban como favoritos.

La selección es una empresa hecha. La cuarta participación consecutiva en el torneo mundial determina casi una especialización y nos ubica en un lugar preponderante en el fútbol sudamericano y mundial. Ganamos respeto y lo hemos conservado. El año que viene empieza a rodar de vuelta la rueda competitiva, con las eliminatorias, pasando por una Copa América que vamos a jugar para ganarla, porque todavía tenemos un equipo competitivo con los veteranos que estarán yéndose a corto plazo. Hay una orgánica reposición, pues a pesar de todo siguen saliendo buenos jugadores, aunque debemos reconocer que en forma más lenta y con menos brillo de los que empiezan a irse.

La selección no debe ser parámetro para medir el fútbol local. Los jugadores de la selección son de clase A porque juegan en campeonatos competitivos. Los campeonatos locales no pasan de un nivel mediocre, aunque mucha gente los califique de competitivos. La falta de estructura frena lo que debería ser una explosión de talentosos jugadores que deberían nutrir las plantillas de los mejores clubes del mundo, elevando nuestra capacidad a nivel de selección y generando una acción multiplicadora que haría de los clubes profesionales centros formadores más sólidos y competitivos. Además, nos permitirían exportar las imágenes de nuestro fútbol, poco promocionado en el mundo, que impide que en un mundo muy dinámico, seamos conocidos y nuestros jugadores vistos para ser adquiridos.

La responsabilidad es de todos. La Asociación y los clubes deben ir de la mano en este esfuerzo. La central de nuestro fútbol no debe ser la madre gorda cuando tiene hijos famélicos, frenados en su afán de proyectarse a los grandes logros, único camino que nos llevará a buscar igualar, dentro de nuestras limitaciones, a nuestros vecinos Brasil y Argentina.

El año coronó, a nivel local, a Guaraní y Libertad como los campeones. Los aurinegros ganaron el título tras varios años de esfuerzo casi por casualidad, ante una increíble e inesperada deserción de Cerro Porteño que llevaba una ventaja inalcanzable, pero perdiendo el campeonato por su propia incapacidad de cerrar un torneo en donde marcó claras diferencias. Libertad, sin embargo, fue un legítimo ganador, pues a pesar de algunos titubeos, supo capitalizar en el tramo final todo su potencial, mejor plantel, orden y buen fútbol, liderado por un entrenador serio como lo es Gregorio Pérez.



Que nos espera para el 2011?



En los últimos días, los grandes hicieron importantes incorporaciones que sin dudas van a revitalizar los torneos locales. Se compra lo que soportan los escuálidos presupuestos de los clubes, respaldados por la cuenta bancaria personal de los presidentes, que en el afán de ganar glorias pasajeras, ponen plata y engordan el pasivo de sus balances.

Marcelo Recanate es un ejemplo. Ganó la presidencia de Olimpia a billetazos, seduciendo la voluntad del reducido electorado, que como los ansiosos hinchas de tablón, ponen sus fichas a los pies de cualquiera que le pueda sacar a la gloriosa franja del sótano donde transita desde hace ya más de una década a nivel local. Prometió mucho y hace un gran esfuerzo para cumplir las promesas, con sacudones que dejan ver la endeblez de los cimientos de su novel presidencia. La única respuesta será ganar los campeonatos. Todo el esfuerzo se irá por el caño si no logra lo que el hincha sueña.

Cerro Porteño, viviendo su época de vacas flacas por la falta de venta de jugadores y con un déficit de cerca de 4 millones de dólares, mantiene casi intacta su plantilla a la que llegaron pocos refuerzos. Hoy no vive ya la locura de querer ganar la Libertadores, de hecho, está en el repechaje. Pero, su esfuerzo debe focalizar en ganar el Apertura, pues no gana un título hace tres campeonatos.

No hay mucho por qué hacer repicar las campanas. Sin embargo, hay que esperar que los otros equipos, fuera de los grandes y Libertad, le den nivel al campeonato, de donde esperemos vuelvan a salir buenos jugadores, primero para suplir el retiro natural de los que sustentaron a nuestra selección y nos dieron satisfacciones en el aspecto individual y así impedir cada vez en mayor proporción, la venida de jugadores extranjeros, caros y de escasa calidad que taponan la natural promoción de los locales, en un fútbol que debe ser imperativamente exportador de jugadores.

Por Darío Abelardo Cárdenas

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