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15 de Octubre, 2012 | La Opinión de Mariano Nin

Entre lo ético y lo masivo

En los últimos tiempos los medios de comunicación evolucionaron; los estudios científicos de rating colaboraron con este crecimiento, dando a la gente programas a medida. En otras palabras, lo que quiere ver o escuchar.

La televisión, o la Caja Boba como muchos la llaman, acompañó esa evolucióny se adaptó a los nuevos tiempos de la mano del minuto a minuto (rating), con programas para todos los gustos; movidos, producidos y puestos al aire gracias a los auspiciantes, que llevados por los puntos de audiencia, pautan donde más posibilidades tienen de vender sus productos, dan vida o se la quitan a producciones que llenan o no las expectativas de la audiencia.

Un negocio que mueve dinero… y polémica.

¿Pero quién puede predecir lo que quiere ver la audiencia?. Pienso que es imposible que todos podamos ponernos de acuerdo en torno a la televisión que queremos, sometiendo a las mayorías o minorías, a programas o espacios que no llenen sus expectativas. En esto, el rating es contundente. En las democracias las mayorías deciden, y ese es el criterio que prima en el “negocio” de la televisión.

Podemos o no estar de acuerdo. Pero es la realidad. Es lo que mueve o levanta a los programas.

Quería introducir el tema para llegar a mis propios cuestionamientos. Una lucha interna que consume diariamente mis nervios y pienso que los de todos los que hacemos un noticiero.

Desde que el minuto a minuto (medición instantánea de los programas) entró en mi vida con los noticieros, mi propio análisis de las noticias se debate entre lo ético y lo masivo.

También los noticieros son movidos por el rating lo que nos obliga a darle a la audiencia lo que la audiencia quiere ver, ello se traduce en puntos de rating. Sin embargo, aquí priman los propios límites que nosotros decidimos ponernos, por diversos factores que van desde lo ético al respeto a la intimidad o la sensibilidad.

Hoy, los circuitos cerrados nos permiten ilustrar las noticias de la manera cruda en que suceden. Sin embargo, aquí priman nuestros límites.

Hoy en TV mostramos el crimen de un hombre filmado en un circuito cerrado. Para muchos es mostrar la realidad tal cual es, sopesando que lo verdaderamente importante es la consecuencia de la inseguridad, no el método.

Muchas veces por esos motivos sacrificamos rating, y somos castigados en los números. Pero ahí prima nuestra conciencia, o los límites que nuestros principios nos imponen.  Es una decisión editorial o corporativa. Pero en la realidad estamos constantemente auditados por los resultados o puntos de rating. Podemos ponernos límites, pero terminaremos aceptando la realidad del rating. Él finalmente regirá nuestros pasos.

Por decoro no mostramos una niña violada tras un árbol a la puerta de un colegio, pero insistimos en que nuestro sistema educativo permite que sucedan estas cosas. Es la realidad. Como decirlo es la diferencia.

Quizás en un futuro no muy lejano pueda hacerse un código de ética entre todos los canales, y que se respete, lo que permitiría a los empresarios pautar en los mejores noticieros, y no en los que más hechos de sangre o morbo ofrezcan a la teleaudiencia.

Mientras tanto, seguiremos en esa lucha interna entre el bien y el mal. Sabiendo que lo que hacemos seguirá en el limbo, entre lo que mide, lo que se vende, lo que informa o lo que educa.

Finalmente el RATING tendrá la última palabra.

 

Por Mariano Nin
Gerente de Prensa de Canal 13

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