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29 de Octubre, 2010 | Indicador económico y financiero

En mi casa mando yo

Cuando uno tiene cierta edad y debe vivir con sus padres, no son pocas las ocasiones en las que llegamos a escuchar a la mamá o el papá decir “mientras vivas aquí, te sujetas a las reglas, porque en mi casa mando yo” y eso pasa a pesar de que uno tenga ya cierta autonomía económica y uno debe aguantar y aceptar que alguien es el que manda en casa.

Pero a veces nos rebelamos y queremos ser independientes y pensamos que la habitación, un espacio de la heladera y la tele a ciertas horas, son un territorio autónomo en donde las reglas las pone uno y no hay poder que cambie esa circunstancia.

En pocas palabras, si nuestra casa es un país, tiene sus tres poderes también, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, lo ejercen los papás y el pueblo es uno como hijo y si tiene hermanos, pues ya se comparte la ciudadanía con otros más.

Como el Ejecutivo, los papás definen el presupuesto y lo reparten para todos sus gastos, legislan para imponer las reglas en la casa y hacen justicia cuando castigan a quien se ha portado mal.

A nivel país, el Ejecutivo está compuesto por el presidente y su gabinete legal y ampliado, el legislativo por Diputados y Senadores, que hacen las leyes y el Judicial por los jueces y el sistema judicial en su conjunto y su deber es hacer respetar la ley o castigar al que no la cumple.

Claro todo esto dentro de un ideal, y cuando funcionan bien las cosas la gente que tiene dinero y quiere invertir, crear empresas o abrir negocios, se fija en ese país que funciona bien y lleva hasta allá sus capitales, alrededor del mundo tenemos ejemplos exitosos de estos: Corea del Sur, Irlanda que dejó en 25 años de ser el país más pobre de Europa, Chile que se ha levantado junto con Brasil cono ejemplos en la región y Perú y Colombia que dan buenos pasos y ahí cerquita sigue Uruguay.

Esto porque los tres poderes funcionan y cuando se va a debatir algo, el Ejecutivo Propone, el Legislativo legisla y el Judicial aplica la ley.

Pero qué pasa cuando uno de los tres poderes quiere ser autónomo en todos los sentidos y decide que el papá Ejecutivo ya no le controle los gastos y así voluntariamente decide atrasar el desarrollo del país para alejar las inversiones, hacer dudar a los inversionistas y demostrarle a la ciudadanía que ni los ve ni los oye, y mucho menos tiene interés en trabajar por ellos.

No tenemos qué imaginar nada para saberlo es cosa de voltear a ver al Congreso en Paraguay, que a través del senador del Partido Colorado, Juan Darío Monges, recibió una propuesta en donde se pide que este poder sea el propio administrador de sus recursos, así como lo hace el Poder Judicial, ya sin el control del Ejecutivo.

Pero además quieren que se les dé el dinero que todos pagamos con nuestros impuestos y por supuesto, no dar cuentas de lo que se gastan.

Si la administración del país a través de los tres poderes fuera bien, no habría ningún problema, si el Poder Judicial diera esa justicia pronta y expedita que tanto se menciona en juramentos y protocolos, si los diputados y senadores realmente sirvieran al pueblo, haciendo cumplir la ley y “si no que el propio pueblo se los demande”, estaría bien, si el Ejecutivo hiciera lo propio, como lo gritó Fernando Lugo aquel 15 de agosto, no habría problemas, hay confianza de los ciudadanos y los poderes dan resultados.

Pero como sabemos que eso no es cierto, pues se acaba con el poco control que había y si había algún hueco para que entrara la luz de la transparencia para verificar el uso de los recursos públicos, ya lo taparon.

En el Congreso están sentados unos señores que ganan muy bien y se dicen “representantes populares” si usted lo sabe, por favor escriba un comentario con el nombre de su diputado y senador y las veces que ha ido a su distrito a informar qué ha hecho con el sueldo que usted como ciudadano le paga al cumplir con sus impuestos y que le diga cuántas leyes se han aprobado para el crecimiento económico del país y las veces que ha hecho gestión social en su distrito apoyando la creación de una empresa, la mejora educativa en las escuelas del barrio o la salud pública.

O cuántas veces los ha visto ser un ejemplo de civismo y no de prepotencia, con sus escoltas y vehículos, muchas veces sin chapa, ocupando veredas y violando leyes de tránsito.

Ahora ellos dicen “en mi casa mando yo” y por eso será difícil que el país abandone los últimos lugares entre los más corruptos del mundo o que vengan más capitales a invertir, en pocas palabras, ya cerraron la puerta y no la quieren abrir.

Y usted y yo, pues podemos mirarlos, criticarlos y eso sí, no nos atrevamos a acercarnos.

Miguel Torres Velázquez

tovemi@gmail.com



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